La segunda caída del Hindenburg

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La segunda caída del Hindenburg

En su primer álbum, Led Zepellin retomó la tragedia del dirigible nazi Hindenburg.

La tarde del 6 de mayo de 1937, el imponente dirigible alemán LZ-129 Hindenburg se incendió repentinamente y cayó de manera drástica durante un intento de aterrizaje en la Estación de Aire Naval Lakehurst en Manchester Township, New Jersey, cobrando la vida de hasta 36 personas. Herbert Morrison, un periodista radiofónico que narró celebremente el evento para la WLS Radio en Chicago, llamó al incidente una de las peores catástrofes en el mundo.

Esa postal del zeppelin cayendo en llamas, estremecedora y provocativa en blanco y negro, inevitablemente evoca el álbum debut de una de las bandas que mejor empata la fuerza de aquel incidente que destrozó la confianza pública en los dirigibles con pasajeros.

Bastan los primeros cinco segundos de la primera canción del primer disco de Led Zeppelin para entender quiénes eran los cuatro músicos y qué venían a hacer en la escena musical.

A partir de esas tonadas iniciales, el disco, publicado el 12 de enero de 1969, autofinanciado por los integrantes y su manager Peter Grant, reúne detalles que apenas empezaban a explicar la complejidad del nuevo cuarteto; desde el contundente y violento riff que se arranca en “Good Times Bad Times” como un golpe inesperado, el English Folk detectado para “Black Mountain Side”, las velocidades tipo punk en “Communication Breakdown”, las influencias de Willie Dixon, Eddie Cochran, Otis Rush, y el blues en “I Can’t Quit You Baby”, y la furia desatada de las vocales de Robert Plant en “Babe I’m Gonna Leave You” hacen sentir que uno está ante un sonido puro y trabajado, hirviente y con historia, lento pero energético, y a la vez con tremendo groove.

“Led Zeppelin I” fue, como la caída de Hindenburg, pero sin la tragedia. Se oye como una colisión de trenes pero sin el estruendoso fuego que implicaría tal momento. Es, después de 50 años, un disco vivo que tomó por sorpresa a todos menos a los implicados, porque después de un árduo y calculado trabajo, sabían perfectamente lo que estaban entregando a la audiencia.

Jimmy Page venía saliendo de “The Yardbirds” disfrutando del éxito como ídolo en Londres junto a personajes como Jeff Beck, Jimi Hendrix, y Stevie Ray Vaughan; John Paul Jones, bajista de Zeppelin, también disfrutaba de un renombre como productor de estudio; mientras vocalista Robert Plant y baterista John Bonham eran desconocidos en el panorama a pesar de tocar en una banda juntos llamada “Band of Joy”.

Al momento de salir, la crítica fue dura con Page, Plant, Jones y Bonham que venían a suplir el sonido de bandas como “Cream”, que recién se había desintegrado un año antes, reclamándoles que estaban agotando y malgastando la imagen de los talentos que los habían inspirado, pero el disco fue un notable éxito, vendiendo 10 millones de copias tan solo en los Estados Unidos, reuniendo diversidad, dinámica, y sonidos nunca antes oídos para una banda de rock en las nueve canciones de las que dispone.

Page alguna vez comentó que el éxito detrás del disco es porque le pareció ver a todos inspirados al momento de trabajar. Durante todo el proceso, en él no había debilidades, y eso fue quizá lo que prendió fuego a la estela de Led Zeppelin, una que sigue ardiente porque ni siquiera los años han podido contrarrestar esa muestra de poder con la que se presentaron los creadores de “Stairway to Heaven”.

El común denominador de los cuatro integrantes era la música, y por más que todos sus discos son pruebas vivas de eso, en el primero queda claro con la fuerza de una estampida o de una bofetada inesperada.

Entonces, en cierta forma, los elementos se juntaron idealmente para que su primera aventura juntos fijara un antes y un después en estilos, modos y formas de grabar discos. Demostraron que su crudo sonido igualaba el espectacular suceso narrado por Herbert Morrison unos 30 años antes.

Para un aficionado es difícil poner en palabras lo que el poder de la música puede lograr a comunicarle, y más cuando se trata de la primera obra de aquellos que te hicieron válido soñar con ser un rockero o hippie o guitarrista de una guitarra de dos cuellos, pero para no errarle, es mejor releer lo que escribió Jon Dolan en su concisa reseña de Rolling Stone para conmemorar los primeros 50 años del lanzamiento de “Led Zeppelin I”:

“Se acercaba una época de trascendencia espiritual, de cuentos del valiente Odiseo; ellos volcaron una época de sexo y rock & roll juvenil en algo gigante, mitológico y bestial. El misticismo pascual y Mordor y el broadcasting vendrían después. Esto era algo más puro. Esto era heavy metal”.

2019-05-22T14:13:09+00:00

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Pablo Hernandez
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