Saturnino Herrán, el dibujante de la vida

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Saturnino Herrán, el dibujante de la vida

El artista aguascalentense es considerado precursor en la definición del imaginario nacionalista.

Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard, que nació en Aguascalientes en 1887, está considerado como uno de los nueve artistas patrimoniales de México a la par de José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, María Izquierdo, Frida Kahlo, Remedios Varo, Doctor Atl y José María Velasco. Este año, el gobierno celebrará el centenario del pintor al que ubican en las corrientes del modernismo e indigenismo.

La importancia de Saturnino Herrán en la historia del arte mexicano es total y absolutamente innegable. Reconocido por su técnica de extraordinaria calidad y sobre todo por la creación de una estética que, influida por el modernism, plasmó el alma nacional con grandes contrastes en un momento clave de la historia, en el ocaso del Porfiriato y el amanecer de la Revolución Mexicana.

Y justo durante esta guerra intestina y convencido de que era “el arte y no la barbarie lo que salvaría al país”, Herrán le dijo a su médico en el lecho de su muerte: “Doctor, no me deje morir porque México necesita de mi pintura”.

Ya en la Ciudad de México, a la cual llegó en 1903, ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes donde fue discípulo del pintor catalán Antonio Fabrés, así como de Leandro Izaguirre y Germán Gedovius. Entre sus compañeros estaban Diego Rivera y Roberto Montenegro.

NACE UN MOVIMIENTO

En el marco de los festejos del primer Centenario del inicio de la lucha de Independencia, se construyó en la esquina que hoy forman avenida Juárez y Balderas, un pabellón para albergar obras de artistas españoles como Joaquín Sorolla, Ignacio Zuloaga, José Benlliure, Ramón Zubiaurre y Diego García Rodríguez.

Y cuando los artistas mexicanos, maestros y alumnos de la Escuela Nacional de Bellas Artes se enteraron, exigieron tener también un espacio para presentar su trabajo.

Entre julio y septiembre de ese 1910 realizaron sus pinturas y “por aclamación y rechifla” eligieron las piezas que exhibirían.

La exposición se realizó con tres mil pesos que logró conseguir el también pintor Gerardo Murillo, Dr. Atl. Así lo relata la investigadora Alicia Azuela en el ensayo Las artes plásticas en los centenarios, de Asedios a los centenarios (1910-1921), volumen editado por la UNAM y el FCE:

“La sociedad Mexicana de Pintores, encabezada por Gerardo Murillo, fue la que consiguió el apoyo institucional para que finalmente la escuela pudiera participar en las celebración. Aun cuando esta agrupación de jóvenes artistas plásticos nació con ese propósito principal, decían hacerlo ‘con el anhelo de mejorar su actual situación y hacer próspero y benéfico el arte de México’.”

Se reunieron, 40 estatuas, 300 telas, dibujos y grabados. Y expusieron, entre otros artistas, Saturnino Herrán, Germán Gedovius, Jorge Enciso, Romano Guillermín, José Clemente Orozco, Gonzalo Argüelles Bringas, Joaquín Clausell, Adolfo Best Maugard, Roberto Montenegro, el Dr. Atl y el escultor Fidencio Nava.

A decir de Herrán Gudiño, algo importante de aquella exposición es que fue inaugurada por Justo Sierra, a la sazón ministro de Instrucción Pública, y “queda tan estupefacto que cancela su agenda de Argentina con unos periodistas, se queda todo el día platicando con ellos (los artistas) y al final dice: ‘De hoy en adelante, los muros de los edificios públicos van a ser pintados únicamente por mexicanos.’ Ahí nace el muralismo, ahí nace la Escuela Mexicana de Pintura”.

PINTOR OBSERVADOR

Las diversas composiciones de Herrán se circunscriben a ciertos temas: costumbres, personajes mestizos o indígenas; y una constante idealización alegórica de lo prehispánico. Observador y de trazo espontáneo, Herrán recurre a escenas al aire libre que revelan la geografía del país con sus tradiciones y su historia”.

LAS ACTIVIDADES VENIDERAS

En las actividades programadas para conmemorar el centenario luctuoso del creador aguascalentense están la exposición Saturnino Herrán y otros modernistas, que se presentará en el Museo Nacional de Arte (Munal) y el Museo de Aguascalientes; el simposio El imaginario de Saturnino Herrán; un ciclo de cine realizado en colaboración con la Cineteca Nacional; además de cursos, talleres y recorridos que estarán a cargo de invitados especiales.

Con Herrán, efectivamente, el arte precolombino deja de ser demoniaco o monstruoso y entra en la esfera de nuestra experiencia y goce estético.

Para entender la importancia de este hecho es necesario recordar que México, tanto por sus raíces indígenas como españolas, ha sido un país de “adoradores de imágenes”, al grado que ni siquiera los liberales, ni los masones se privan de usar políticamente cuando menos la imagen de la virgen del Tepeyac.

Herrán, según información del Instituto Nacional de Bellas Artes, realizó la mayor parte de su producción artística en medio de la revuelta, “viviendo durante los años decisivos de la Revolución… capturó la vida cotidiana, retrató su círculo intelectual, indagó en la identidad mexicana y buscó representar el alma nacional a partir del individuo, el cuerpo, las leyendas indígenas y los edificios coloniales”.

2018-10-19T12:12:54+00:00

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