Esta comida está de moda, son ricos en súper poderes y súper ingredientes. Pero ¿quién avala eso?, ¿los alimentos convencionales pasaron a mejor vida?

Por Bee Wilson*

Vivimos en una era de actualizaciones. Esperamos que la banda ancha sea ultrarrápida, que el televisor sea de alta definición y que la comida sea excelente. Cuando te conectas a una tienda de comestibles hay disponibles una gran variedad de súper bayas, súper semillas y súper granos.

El argumento de venta no es tanto su sabor sino la medida en que mejorarán la salud si son consumidas. Y los beneficios van desde aumentar la masa muscular hasta reducir la fatiga o prolongar la vida.

Tales cualidades no son simples complementos, como los cereales fortificados con vitaminas. Los poderes que ofrece un súper alimento aparentemente provienen de una fuerza profunda dentro de éste.

En la actualidad muchas personas compran artículos etiquetados como súper alimentos. Esto se debe en parte a que algunos productos alimenticios regulares como el brócoli y las espinacas han sido renombrados por sus cualidades saludables.

Las ventas de alimentos, que alguna vez fueron exóticos, han sido impulsadas por esta nueva publicidad. El volumen de arándanos vendidos en Gran Bretaña se cuadruplicó en una década, en un momento en que el consumo de frutas y verduras decrecía.

Muchos supermercados, particularmente en áreas urbanas ricas, ahora almacenan productos que antes eran poco conocidos, como el freekeh o el kéfir.

VIVIR SOLO DE BAYAS

Aunque el término súper alimento ahora se usa comúnmente, su definición legal sigue siendo laxa. Según las regulaciones de la Unión Europea, cualquier producto etiquetado como tal debe explicar cuáles son los supuestos beneficios que ofrece a la salud. Estados Unidos (EU) no tiene tales reglas.

Incluso si las afirmaciones son correctas -y a menudo la evidencia es marginal en el mejor de los casos-, los críticos advierten que la descripción nos alienta a poner atención en un solo alimento a expensas de una dieta equilibrada.

Vivir solo de las bayas de goji no sería más saludable que comer salchichas. El jugo de los mangostanes orgánicos, una fruta rica en vitaminas del sudeste asiático, similar a los lichis, puede venderse por exorbitantes $35 dólares o más el litro, más de 10 veces el precio del jugo de naranja orgánico, con la promesa de reducir el dolor y aumentar la energía.

Sin embargo, la idea de que comer ciertos artículos ayudará a mantenerse saludable juega con la neurosis sobre el propio bienestar y el papel emocional que tienen los alimentos.

Para quienes suelen descalificar a las bayas de goji y las llaman “pasas con pretensiones”, deben saber que, su sabor agridulce acompañado de yogur natural, aportan esa vaga sensación de que al ingerirlas están haciendo un bien.

Con cada bocado de la ensalada de betabel asado, a la hora del almuerzo, casi se pueden sentir las dulces raíces moradas que estimulan el sistema inmunológico y estabilizan la presión arterial.

“¿No quieres vivir para siempre?”, hay padres que bromean así a sus hijos que desprecian las verduras. Los críos responden que no, si eso implica comer betabel.

MEDICINA Y ALIMENTOS

Durante la mayor parte de la historia humana, la comida y la medicina han estado estrechamente relacionadas. Los cocineros a menudo también eran herbolarios que buscaban sanar y fortalecer cuerpos y espíritus.

Mucho antes de hablar de súper alimentos, se consumían tónicos, remedios caseros, y estimulantes.

En Tudor, Gran Bretaña, se creía que la salvia mejoraba la memoria, una afirmación que permaneció por más de cinco siglos. En un estudio, realizado en 2017, se avala que comer la hierba puede estimular una mayor función cognitiva.

En 1949, un periódico canadiense, Lethbridge Herald, mencionó la palabra al referirse a un panecillo en particular como “un súper alimento que contenía todas las vitaminas conocidas y algunas aún no descubiertas”.

Tal vez no sea una coincidencia que la palabra se acuñó durante la década de 1940, la era dorada de Marvel y DC Comics: al igual que con los superhéroes, esperamos que los súper alimentos salgan al rescate, incluso si no se cree plenamente en ellos.

La idea de los súper alimentos tardó casi medio siglo en ganar fuerza. En la década de 1990, fueron las frutas, principalmente las bayas, como los arándanos silvestres de Maine y las Bayas de Açai del Amazonas, las que fueron elevadas a calidad de súper alimento.

Durante un tiempo, la granada fue supuestamente la súper fruta para vencer cualquier mal. En 1999, el The New York Times informó sobre una nueva investigación que sugiere que la granada podría ser “efectiva para combatir enfermedades y retrasar el envejecimiento”.

Luego, entre 2004 y 2008, a medida que más artículos alababan las cualidades curativas de los antioxidantes en la granada, el consumo estadounidense de jugo de granada aumentó seis veces.

Ahora puedes encontrar súper alimentos en todas las categorías, desde bebidas (jugo de alfalfa y trigo, ¿alguien gusta?) Hasta productos lácteos y productos horneados como tarta de queso con Bayas de Açai o crumble de quinoa con duraznos y cerezas.

Una de las razones por las cuales los súper alimentos modernos parecen ser el remedio perfecto para la salud es porque, gramo por gramo, gran parte de los alimentos de estos días carecen de nutrientes.

Según los datos de Food Foundation, una cuarta parte de los niños británicos en secundaria comen menos de una porción de vegetales al día, y esa pequeña cantidad puede provenir de pizza o frijoles horneados en lata. La dieta promedio en Estados Unidos y Europa hoy en día es abundante en energía, pero pobre en nutrientes, con mucha azúcar y carbohidratos procesados, y relativamente carente de vitaminas, minerales o fibra.

VERDADES Y SABORES DESAGRADABLES

Los beneficios para la salud de muchos de estos alimentos siguen siendo dudosos en el mejor de los casos.

La oferta no necesariamente sigue el ritmo de la demanda: no hay suficientes árboles de granada en el mundo para satisfacer el repentino aumento del consumo, por lo que gran parte del jugo de granada supuestamente puro se diluyó con frutas más baratas como la manzana o la uva.

Algunas de las investigaciones científicas sobre súper alimentos han sido financiadas por la propia industria alimentaria, según Marion Nestlé, una nutricionista, que publicó su libro Unsavory truth, (Verdad desagradable).

Ella vio en 2016 un póster en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Nutrición que promocionaba una nueva investigación sobre nueces, donde se mostraba que en una cohorte de personas con sobrepeso, comer nueces se asociaba con presión arterial más baja y un nivel más bajo de azúcar en la sangre.

Sin embargo, el cambio fue tan leve que no fue estadísticamente significativo. Lo más inquietante fue que el póster no revelaba que el estudio había sido financiado por la Asociación Nacional de Cultivadores de Nueces.

No son solo las empresas de alimentos las que disfrutan de los beneficios de los súper alimentos. La Fundación Orana, creada por Jock Zonfrillo, un chef, intenta registrar y clasificar los alimentos que comen los australianos indígenas, en un intento por preservarlos.

Hasta ahora, su equipo ha observado más de 1,500 plantas y animales. Zonfrillo estima que la base de datos debería registrar alrededor de 50,000 nuevos ingredientes.

Algunos de estos pueden llegar a ser súper alimentos, desconocidos para la mayoría del mundo: la ciruela Kakadu australiana, una fruta verde con sabor a peras cocidas que los aborígenes han consumido durante mucho tiempo, contiene hasta 100 veces más vitamina C que una naranja.

La Fundación Orana espera aportar dinero a las comunidades aborígenes empobrecidas ayudándolas a comercializar los productos.

El hambre por los súper alimentos es sintomática de un sistema alimentario que valora la cantidad sobre la calidad. Después de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos de todo el mundo querían asegurarse de que sus poblaciones nunca más pasaran hambre, pero las dietas se reducen a expensas de la riqueza nutricional.

Los súper alimentos podrían no parecer tan excelentes si el resto del suministro de alimentos nutriera mejor. Se consumen estas súper comidas como píldoras mágicas, como penitencia por la hamburguesa y las papas fritas, si las personas comen un puñado de bayas místicas o beben un jugo verde, mejor crucemos los dedos.

* La autora escribió el libro The way we eat now: strategies for eating in a World of change, publicado en marzo pasado, y este pasaje fue tomado de ahí.