JLL México, al cielo y más allá

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JLL México, al cielo y más allá

Para Pedro Azcué, CEO de JLL México, los bienes raíces comerciales apuntan a las alturas.

Cuando Pedro Azcué tomó por su cuenta las riendas del negocio de JLL México, el panorama urbano de la capital apenas contaba con unos cuantos inmuebles importantes de alta calidad. Funcionaba únicamente con agentes de bienes raíces principalmente enfocados en el segmento residencial, y prácticamente ninguno totalmente dedicado al comercial.

Hoy, a poco más de 26 años de distancia, y desde la posición de Chairman para Latinoamérica, comanda un ejército de más de 1,300 especialistas en México que enfrentan un entorno inmobiliario que, de entonces a la fecha, ha sumado un millón de metros cuadrados en administración y construcción de edificios, además de otros cinco millones de metros cuadrados en transacciones.

“Literalmente creamos una industria que no existía. Durante este periodo han crecido una serie de desarrolladores mexicanos que se han sofisticado, además de que en los últimos 20 años el Tratado de Libre Comercio ha acelerado el proceso gracias al apoyo que representan más de US$700,000 millones en intercambio comercial anual”, señala.

Con el más robusto repertorio de servicios para atender las necesidades de la industria inmobiliaria mundial, JLL, enlistada en el mercado bursátil de Nueva York, se distingue como jugador top del sector a escala internacional, con proyectos (entre otros) en México como el complejo de la Federación Mexicana de Futbol, Torre Reforma, y Parques Bancomer, desarrollo galardonado por sus altos estándares de sostenibilidad. JLL es una de las 400 empresas más grandes de Estados Unidos.

Destaca que un par de detonadores determinantes en el negocio de los bienes raíces han sido los Fideicomisos de Inversión y Bienes Raíces (Fibras), sumados a los Certificados de Capital de Desarrollo (CKDs), efectivos instrumentos dotadores de anabólicos para la economía mexicana que le han servido para posicionarse entre las más sólidas de América Latina.

“Contamos con una gran cantidad de dinero destinado hacia los bienes raíces, no como antes que había que recurrir a inversionistas extranjeros o a familias acaudaladas locales. En aquellos días no había mucho capital y el costo del financiamiento era muy alto, por lo que resultaba muy costoso integrarse a este tipo de proyectos”, recuerda Azcué, ejecutivo que dedica la mayor parte de su agenda al contexto mexicano, al tiempo que reserve para el resto de las oficinas en Latinoamérica labores de asesoría y supervisión de alto nivel. Entidades éstas, a cargo de CEO locales.

Al boom generado por las Fibras y los CKDs, explica, se añade el hecho de que el ecosistema económico mexicano se ha mantenido en el carril de la estabilidad y no ha faltado liquidez, en comparación con las tempestades enfrentadas en Brasil, Argentina, y de una manera mucho más aguda Venezuela, por ejemplo.

Esta estabilidad, subraya, ha resistido incluso en un entorno de depreciación de la moneda; no como en el pasado que, cuando el peso bajaba, los capitales se esfumaban de inmediato.

Con 38 años en la empresa, Azcué sabe de la gran ventaja de portar el nombre de JLL a la hora de competir.

“Creemos en añadir valor a nuestros clientes; creemos en que si les va bien a ellos todo funciona mejor, así que nos enfocamos mucho en la organización e intentamos generar acercamientos de largo plazo, no solo en México, también más allá de las fronteras porque todas nuestras líneas de negocio cuentan con conexiones externas”, explica Azcué.

En 2016 la compañía reportó US$136,000 millones en ventas, adquisiciones y transacciones financieras en 80 países, y 280 oficinas corporativas que manejan más de cuatro mil millones de metros cuadrados de espacios. Su musculatura no deja de crecer en oficinas corporativas representadas en Tijuana, Monterrey, Querétaro Guadalajara, y Ciudad de México.

2019-06-26T10:07:51+00:00

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