Alfredo Harp Helú aprovechó su habilidad en los negocios para ser uno de los hombres más acaudalados de México.

En 1972, el Gobierno federal decidió convertir a Teléfonos de México en empresa de participación estatal mayoritaria, por lo que adquirió paquetes de acciones que poseían accionistas del sector privado, encabezados por el Grupo Trouyet-Senderos a un precio aproximado de 9 dólares por acción. Por esta razón, las acciones de Telmex lograron superar en bolsa su valor nominal de 100 pesos cada una. Roberto Hernández -socio de Alfredo Harp Helú-, con su magnífico olfato, estimó que el gobierno no alcanzaría 51% del capital de la empresa y, con su habilidad característica, consiguió la orden de compra de acciones más importantes del año, que consistió en adquirir lotes de acciones de Teléfonos de México a precios promedio de 110 pesos cada una.

El grupo de jugadores de Accival actuó jugando diversas posiciones; repartió hits por el campo para que nadie se fuera en blanco; compró acciones. Afredo Harp Helú, soció de Roberto Hernández en la casa de Bolsa Accival, lo narra así en su libro Vivir y morir jugando beisbol: “Como no existía el Instituto para depósito de Valores, Indeval, teníamos que liquidarlas en la bolsa, en Uruguay núm. 68 y transportarlas a nuestra casa de bolsa, en Isabel la Católica núm. 38, 7º piso, donde las endosábamos con dos firmas mancomunadas, ya fueran de Roberto Hernández, Luis Duhart, José Marrón, Teodoro Verea o la mía. Una vez endosadas, llevábamos las acciones a Isabel la Católica núm. 51 a Nafinsa, que era el agente financiero que liquidaba las compras por parte del gobierno federal, donde una vez revisados los endosos y contados los títulos, nos entregaban el cheque correspondiente. Los bancos cerraban a las 13:00 horas logramos extender con algunos de ellos el horario para que nos recibieran el depósito en firme cerca de las 14:30 horas y, de esa manera, podíamos cubrir nuestros cheques expedidos. Ahora más que nunca, se ven las bondades de la creación del Indeval y la eliminación de los títulos físicos.”

“Esta operación tan importante en los inicios de Accival implicó que muchos días tuviéramos que endosar más de mil títulos, porque estos representaban principalmente bajas denominaciones (1, 2, 3, 5, 10, 15 y 20 acciones).

“De nuestra oficina a Nafinsa llevábamos los títulos en una carretilla de carga, o sea, en un diablito. Un día, en la esquina de Isabel la Católica y Venustiano Carranza, el cargamento de acciones se cayó en la banqueta y en la calle donde todavía pasaban los tranvías; palidecimos, la gente muy amable, nos ayudó a levantar el tiradero, sin imaginarse lo que esos papeles revueltos significaban.

Después de varios meses de compras de las acciones que necesitaban el gobierno, Telmex convocó a una asamblea extraordinaria de accionistas, donde se aprobó la emisión de la serie “AA” de acciones que representaban el 51% del capital social de la empresa y solamente podían se ser adquiridas por el gobierno federal de México.

La nueva administración de Telmex continuó con la política equivocada de financiarse con ventas de acciones a los nuevos usuarios de líneas telefónicas, lo que provocó que el exceso de oferta desordenada de acciones diluyera a los accionistas y llevara el precio por acción de 9 dólares en 1972 a solamente 4 centavos de dólar a principios de 1987”, cuenta Harp Helú en su libro.

PRIORIDADES CLARAS

 

Alfredo Harp Helú es contador público, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, fue uno de los fundadores de la Bolsa Mexicana de Valores, además de ser uno de los integrantes que adquirieron Banamex; es el dueño de los Diablos y una de las razones por las que es conocido es porque es primo de Carlos Slim, el hombre más acaudaldo de México.

Este contador mexicano se caracteriza por su singular sonrisa a cualquier lugar al que asiste, pese al trago amargo que sufrió hace más de dos décadas, pues en 1994 estuvo secuestrado por 106 días; mismo año en el que adquirió al equipo de sus amores, la novena escarlata y en 1996 se convirtió en el propietario de los Guerreros de Oaxaca.

Harp Helú también es conocido por su desinterés por ayudar, de ahí que estableciera una fundación que lleva su nombre, en la cual asiste a diversas ramas como la educación, cultura y no podía faltar el deporte. Asimismo, cuenta con una Academia de Beisbol en Oaxaca, la cual se fundó en el 2009, un lugar en el que se apoya a jóvenes prospectos de este deporte, quienes van desde los 14 hasta los 18 años.

La cereza en el pastel de su aporte al béisbol ocurrió cuando se inauguró el Estadio Alfredo Harp Helú, la nueva casa de los Diablos Rojos del México, que está ubicado en la Ciudad Deportiva, pues a pesar de contar con su nombre, el dueño de los pingos aseguró que no fue construido para ser reconocido, sino, fue creado para los aficionados.

SUS ORÍGENES

Alfredo Harp Helú es hijo de un libanés que llegó a México y entró por Veracruz y vivió en Oaxaca. Cuando su padre se casó se sacó la lotería con lo que construiría una fábrica de zapatos llamada zapatos Harp para poder sobrevivir y solventar los gastos. La fábrica tuvo éxito, pero pronto se vendrían a bajo sus esfuerzos tras su muerte. Su madre, viuda, se mudó a la Ciudad de México y comenzó una nueva vida. Ella vendió muñecas, ropa e hilos. Así Alfredo Harp Helú trabajó y ayudó a su madre, vendió hilos, ropa, huevos, esferas navideñas, entre otras.

Alfredo Harp Helú egresado de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) curso la carrera de contador público. En 1966 terminó su carrera y entró a trabajar con sus primos José y Carlos Slim. Carlos era presidente del consejo de Inversora Bursátil y lo nombró director general. Ya en la década de los años 70 se iniciaría en el ámbito de los negocios.

En esa misma década colaboró activamente en la emisión de la primera Ley del Mercado de Valores y beneficiario de la billonaria compra de Banamex por parte de Citigroup en el año 2001. Fue uno de los promotores de la institucionalización de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV).

Además de su labor como empresario, Alfredo Harp ha sido un ferviente impulsor de obras filantrópicas en nuestro país. Esto se ve reflejado a través de tres fundaciones: Fundación Harp Helú, Fundación Harp Helú Deportes y Fundación Harp Helú Oaxaca; ésta última enfocada a promover y apoyar proyectos que busquen mejorar el entorno humano y natural de estado.