La constructora Claro Vicuña Valenzuela es liderada por Roberto Verástegui.

Para dirigir el destino de una empresa de la talla de la constructora chilena Claro Vicuña Valenzuela, un requisito básico es conocer a fondo la industria del país y, por supuesto, haber demostrado las suficientes habilidades para garantizar un crecimiento sostenido de la compañía frente a los retos de la exigente economía latinoamericana.

Luego de 14 años de experiencia dentro del consorcio, Roberto Verástegui se convirtió en el estratega adecuado para manejar el timón, justo en el momento en el que el consorcio atravesaba una difícil coyuntura.

“Estábamos con algunos proyectos con muchísimas dificultades y, particularmente, en uno de edificación institucional con condiciones geográficas muy adversas, que hizo perder casi el 30% del patrimonio de la compañía en cuatro años”, recuerda Verástegui.

Lo primero que tuvo que hacer fue tratar de recuperar la eficiencia operacional para, después de eso, volver a acceder a financiamiento bancario y recuperar proyectos con la complejidad de los que habían tenido en su momento.

“Parte importante de la ruta de navegación que tenía la empresa para salir de esta pequeña crisis que se vivió entre los años 2012 y 2015, más o menos, ya existía. Había una ruta de navegación muy clara, que implicaba una serie de acciones, incluso, venta de algunos activos, de algunas sociedades que teníamos, para enfrentar este proceso”, señala.

Así es como alineó las baterías de la compañía con la eficiencia operacional y excelencia en el trabajo en las tareas de sus equipos de administración de obra. Todo esto con el apoyo de sus accionistas quienes no dudaron en inyectar capital con el qué sortear, de la mejor manera posible, la crisis del momento.

“El lema de nuestro trabajo estaba enfocado en obra, lo que implicaba (e implica) procesos operacionales, estudio adecuado de proyectos, así como que la oficina central se despliegue en cada proyecto, que es donde desarrollamos nuestro negocio; lo cual fue algo muy positivo”, comenta.

Verástegui añade que se dieron a la tarea de reducir la cantidad de proyectos, de los que llegaron a tener hasta medio centenar, para tomar unos 30 que fueran mejor controlados y monitoreados, con lo que pudieron focalizarse en cada uno de ellos.

“Cada obra que hacemos es como si fuera la única que estamos desarrollando. Poder llevar este discurso a la realidad no es tan fácil porque, en simultáneo, hay unos que tienen más problemas que otros; ese fue el gran desafío que tuvimos que enfrentar”, detalla.

Luego de dejar a un lado algunas líneas de negocio poco rentables, como la edificación de hospitales, CVV se encaminó a la ejecución y desarrollo de vivienda de integración social con la idea de aportar al desarrollo de Chile y la calidad de vida de las personas.

Además, han realizado obras como la desalinizadora de Atacama, un proyecto que ayuda a resolver un grave problema social, “no sólo de Chile sino de todo el mundo, que es la escasez hídrica”.

Este es sólo un ejemplo de la serie de proyectos que han llevado a cabo y que se cuentan en toda la extensión del territorio chileno, desde Arica a Punta Arenas, hasta alturas de más de 4, 800 metros en la cordillera de los Andes.

Destacan, incluso, aeropuertos y hospitales en zonas australes como la Isla de Pascua, además de una pista en Balmaceda, región al extremo sur del continente. Además, en la zona septentrional, se abocan al desarrollo del aeropuerto Diego Aracena, de Iquique.

Los proyectos se agrupan bajo un amplio menú de especialidades, como movimiento de tierra, obras civiles, edificación habitacional e institucional, negocio inmobiliario, energía y sector forestal, entre otros.

“La empresa tiene un nivel muy grande de diversificación de especialidades en el mercado, que permite ir acomodándose a los ciclos y tomar una mayor o menor posición en las distintas especialidades de la industria, según se vaya desenvolviendo la economía”, destaca el empresario.

Este pasado 2019, CVV contrató a cerca de 2,700 empleados, sin embargo, gozan de un muy alto nivel de subcontratación, sobre todo en la industria de la edificación.

“Estamos pensando que, en 2020, con la cartera de proyectos que tenemos, el crecimiento será de 20%, así que probablemente estemos en los 3,000 trabajadores”, señala.

EXCELENCIA OPERATIVA

Este estratega de la industria avizora una buena época para la construcción en Chile, y es que el Ministerio de Obras Públicas del país se aboca a lanzar concesiones y considera que CVV cuenta con amplias posibilidades de integrarse a proyectos de infraestructura vial y en la parte de edificación.

Además de la gran oportunidad que ofrecen la necesidad de generar obras relacionadas al agua, embalse, desalinizadoras, como la que actualmente construyen de la mano de un socio español.

“Es la planta desalinizadora para consumo humano más grande América Latina y creemos que ahí tenemos el conocimiento del desarrollo del diseño y la ingeniería. Por lo tanto, estamos en una posición expectante en el momento que se materialicen inversiones en esa vía”, puntualiza.

De acuerdo con Verástegui, el mercado inmobiliario es una de las industrias más relevantes en Chile, sin embargo, vislumbra que, probablemente, en vivienda económica privada también existen posibilidades de negocio a futuro, por ello su enfoque se centra de manera especial en ese nicho.

Destaca el sistema de seguimiento y control de proyectos que utilizan, que consta de alertas para determinar en dónde poner mayor atención y focalizar sus acciones.

“A partir de eso generamos mejoras en nuestros procesos productivos, algo muy importante porque, al final, participamos en una industria de licitaciones en las que se adjudican las obras a quien ofrece el mejor precio. Por lo tanto, tener procesos productivos efectivos es un driver muy importante”, detalla.

A través de esta unidad es como CVV monitorea permanentemente el desempeño del proceso, difunde las mejores prácticas al resto de la organización, las documenta, y realiza encuentros (nacionales e internacionales) para la difusión de estas prácticas, entre otros.

“En ese minuto, la colaboración de los distintos equipos de trabajo que están desplegados a lo largo del país, finalmente se genera en un entorno de colaboración que es muy distinto al de otras empresas”, enfatiza.

Por otra parte, señala que CVV tiene una larga tradición de asociación con otras empresas, sin embargo, al interior, ha consolidado cuatro unidades estratégicas de negocio que, en conjunto abordan un proyecto, como la construcción de un edificio educacional de gran volumen y altos niveles de exigencia.

Alerta en que la industria de la construcción es una de las áreas que menos ha incorporado innovaciones tecnológicas, de procesos y productos.

“Sentimos que, en el mediano plazo, vamos a estar viendo una automatización de manera mucho más profunda. Modelos de negocio distintos, construcción con conceptos de sustentabilidad, que estaban fuera del ámbito de lo que a las constructoras nos preocupaba, porque construíamos por encargo de un tercero”, comenta.

Considera vital que una compañía sea capaz de traspasar conocimiento si es que quiere ser exitosa en el mercado. Una fórmula en la que la visión a futuro es pieza fundamental.

“Ahí es donde debemos tener un foco muy importante, no sólo mirando a los proyectos de hoy, sino a cinco o 10 años más, ahí tenemos una preocupación muy importante sobre cómo contar con las personas adecuadas”, sostiene.

CVV consolida su paso en la geografía latinoamericana como una de las más revolucionarias de la industria y por ello constantemente recibe condecoraciones, como es el caso de los recientes reconocimientos de parte de Deloitte, y Banco Santander, por mencionar sólo un par. Hoy por hoy, esta compañía es una de las líderes que tanto requiere la siempre retadora economía del subcontinente.