Empacar, liderada por Carlos Limpias, es referencia en la industria de fabricación de productos reciclables.

 

El rescate del medioambiente es una de las asignaturas fundamentales de la sociedad contemporánea dados los alarmantes índices de deterioro ecológico global y, en ese contexto, una compañía como la boliviana Empacar es un gran ejemplo de que se puede crear un negocio rentable de manera responsable a través del reciclaje de toneladas de productos por medio de procesos industriales de alta tecnología.

Empacar se distingue como una de las compañías más eficientes en Sudamérica, no por casualidad, sino por años de haber establecido los más altos estándares de calidad en la industria, sustentados en una notable gestión corporativa encabezada por Carlos Limpias.

El CEO del consorcio, egresado de la facultad de Ingeniería en Sistemas del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (México), llegó a la compañía hace 16 años para encargarse del sistema de control estadístico de procesos, con la intención de mejorar las operaciones.

“Eso me facilitó mucho ver las oportunidades de mejora en todos los procesos”, recuerda. Esta responsabilidad al interior de la empresa le permitió conocer a fondo actividades relacionadas con la proveeduría de materia prima, planificación comercial y producción, por mencionar unas cuantas tareas.

“Personalmente comencé con todo el proyecto de economía circular y del reciclaje; de hacer la primera planta bottle to bottle (b2b), aquí en Sudamérica. Empecé a llevar esa cultura a todas las unidades, no sólo al área de reciclaje de PET (tereftalato de polietileno). La visión de la empresa fue cambiando y ofrecemos soluciones a todos los clientes en envase y embalaje, bajo la filosofía de la economía circular. En eso somos pioneros en Bolivia”, detalla.

Explica que Empacar ya tiene muchos años ceñida al concepto de hacer envases sostenibles sin afectar la última línea, justo lo que el mercado actual busca.

“Hoy en día ya las empresas a nivel mundial, las multinacionales, el cliente final, no quieren simplemente un producto bonito que no importe de dónde venga, sino que quiere saber que no contamine, que no explote a la gente, a los recursos naturales”, señala.

Destaca que este ha sido el ADN de la compañía desde sus inicios hace cuatro décadas, cuando trabajaba con reciclaje de papel. Considera que hoy se encuentran en el momento preciso dado que ofrecen una poderosa oferta de valor que es recibida muy favorablemente por el mercado y que los apuntala sólidamente para enfrentar los años por venir.

Planes a corto y mediano plazo

Empacar forma parte de un exitoso grupo industrial y económico boliviano con inversiones en una gran diversidad de rubros que incluyen sectores tan diversos como banca, medios de comunicación, retail, desarrollo inmobiliario, y ganadería, entre otros.

“Empacar es el barco insignia de donde se capitanean todos estos emprendimientos”, comenta el directivo.

Hace hincapié en que Empacar, la principal empresa de reciclaje de Bolivia, se enfoca a la masificación de la economía circular y para ello han puesto en funcionamiento programas con colegios y municipios, por ejemplo, lo que les ha dado muy bueno réditos en cuanto a percepción.

Subraya que, en febrero de este año, lanzaron el envase hecho 100% de sus botellas con Coca-Cola, lo cual considera un gran hito dado que es algo que sólo se puede lograr con procesos de la más alta tecnología.

“Hemos llegado a la cúspide en el tema tecnológico del PET; estamos tratando de incrementar nuestros porcentajes de reciclados. Solos nosotros nos encargamos de reciclar más del 50% de todo el embalaje de PET del país”, comenta.

La capacidad de reciclaje de Empacar supera, incluso, la de varios países gracias a que sus procesos están totalmente integrados, desde la recolección de productos en la calle con camiones en colegios, municipios, empresas, por ejemplo.

“No queremos que todo este éxito se quede cernido a un solo material (PET); ya estamos empezando a hacer lo mismo con el cartón corrugado. Estamos empezando a ofrecer a nuestros clientes cajas que tienen papel reciclado que pueden ser 100% también recicladas”, asegura.

Explica que, por su parte, las compañías también se están orientando en ese sentido con iniciativas enfocadas a mostrar una cara verde frente a sus clientes, con procesos responsables de reducción de emisiones de bióxido de carbono al ambiente, y ahorro de agua y electricidad.

En tanto al manejo del negocio, Empacar se ha desarrollado tradicionalmente como una empresa B2B (una industria para otras industrias), lo que significa que entregan envases a clientes de la talla de Coca- Cola y no con clientes finales.

Sin embargo, a partir de la pandemia de COVID-19, que ha obligado a las personas a quedarse en casa generando productos para venta (cupcakes, pasteles, pizza, por ejemplo), la empresa lanzó un modelo B2C con canales de venta e-commerce.

“A través de la aplicación pueden pedir que les mandemos a su casa cinco cajas de pizza, pasteles, etc. Estamos teniendo ese cambio, y nos está yendo bien porque era una necesidad latente; el mundo y la sociedad ha cambiado ahorita. Los dos cambios importantes que vamos a tener en los próximos años es ir más al cliente final y ampliar la economía circular a otros materiales”, adelanta.

Excelencia operativa

De acuerdo con este estratega, cuando una industria es tan grande (como en la que compiten) es clave dividirla en la mayor cantidad de unidades de negocio para poder medirla adecuadamente.

“Lo primero para nosotros fue hacer una correcta reestructuración, una mejor arquitectura para poder visualizar todos nuestros costos. Manejamos cada pequeña división y subdivisión en unidades de negocio con su propio estado de resultados con lo que podemos ver cómo funcionaría como si fuera una empresa independiente”.

Bajo esta lógica, comenta, Empacar busca que los responsables de las unidades respondan buscando las utilidades operativas a su cargo. De esta manera la empresa ha creado un círculo virtuoso en el que cada unidad vela por sus gastos y costos.

“La implementación que hicimos de la filosofía Zero-Based Budgeting (ZBB), ha sido clave porque hemos repensado todo. Es empoderar a nuestros ejecutivos y líderes, hasta al operador de base. Darles su responsabilidad, monitorearlos, y hacerlos cargo de sus resultados”, puntualiza.

Añade que esto ha sido clave en la excelencia operativa de la empresa experimentada a lo largo de los años y ha dado como resultado eficiencias reflejadas en mejoras en ventas, facturación, márgenes, y recortes de cerca de 40% en su mano de obra.

Para apuntalar la colaboración entre los equipos al interior de la compañía, Carlos Limpias asevera que mantienen reuniones de directorio semanales con accionistas en las que analizan resultados, control presupuestario, temas comerciales, recursos humanos, etcétera.

“Para que entre todos se puedan ver los avances, KPI´s (indicadores de rendimiento) puntuales de cada una de las divisiones y, más que todo, el share of knowledge. Hay un flujo de información muy importante que, al compartirlo entre todos, empoderar a nuestros líderes y darles la opción que escuchen experiencias de primera mano de otras unidades genera que haya más colaboración”.

De acuerdo con el directivo esta gestión le permite diferenciarse de la competencia dado que les permite tomar importantes decisiones de un día para otro (en inversión, líneas de crédito, por ejemplo).

“Empacar es una empresa familiar, pero que se maneja de manera corporativa empoderando a sus ejecutivos para que cada uno pueda mostrar los mejores resultados”, asegura.

Otro diferenciador es que su equipo comercial está remunerado de acuerdo con los resultados y no las ventas. Empacar opera con un director financiero para cada una de las unidades de negocio y los vendedores cuentan con la formación para saber qué es lo que más conviene a la compañía, lo que significa no necesariamente vender más volumen.

“Eso nos da una amplia ventaja sobre nuestra competencia, pues nuestro equipo es multidisciplinario, pero al mismo tiempo maneja muy bien la información; sus costos. Hemos invertido mucho en tecnología para poder tener sistemas de planificación integrados con planta, entonces un cliente puede saber exactamente cuánto le va a costar su producto y cuándo se le puede entregar”, expresa.

Just in case

La inestabilidad política de Bolivia a principios de año que afectó la vida del país, sumada a la crisis del COVID-19, hizo que Empacar mudara la filosofía just in time por la de just in case, y así sortear los retos logísticos que implicaba ese momento.

“Nosotros no paramos nunca porque siempre tenemos inventario, y esa ha sido nuestra fortaleza. En cuanto a eficiencia operacional en el tema logístico, en Bolivia hay que tener más reservas. Inventarios de al menos tres meses, para paliar cualquier error en la larga cadena”, subraya el directivo.

Con este reforzamiento de inventarios (just in case) es como la compañía garantiza el abasto de sus plantas en el país, que se nutren con más de 95% de materia prima extranjera: Asia (polímeros), Brasil, Argentina, Paraguay (papel).

“Tenemos stocks, en Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, que son las tres ciudades principales de Bolivia, que básicamente cubren las tres regiones”.

Carlos Limpias está convencido que la mejor manera de establecer relaciones con los proveedores es generando confianza entre ambas partes y es que, cuando existe escasez de provisiones (commodities), como sucedió con la crisis del papel kraft hace unos años.

“Ahí la sinergia que tenemos con nuestros proveedores hace que se respeten los cupos y tengamos un trato como de socio”, asegura.

Bajo la batuta de este visionario empresario, Empacar ha demostrado que la sostenibilidad no está peleada con la rentabilidad dado que su desempeño en la industria es el mejor ejemplo de desarrollo sostenible con altos márgenes de eficiencia operativa. Todo esto en un marco de responsabilidad corporativa con sus clientes, proveedores, sociedad y medioambiente.

Este líder de empresa concluye dejando en claro el mensaje del triángulo de su imagen corporativa que hoy los posiciona como puntal de la industria en la región. “Somos medioambientalmente correctos, socialmente inclusivos, porque hay una cadena infinita de gente que vive del reciclaje, y económicamente viables”.