Algo positivo en la lucha contra el cambio climático ha sido la respuesta de inversionistas institucionales y los mercados de capitales.

Por Michel Hayes y Miguel Arias Cañete*

 

La comunidad inversionista ha adoptado las energías renovables como activos muy interesantes y hoy en día nos encontramos en un entorno donde no existen suficientes proyectos renovable listos para invertir de cara a satisfacer lo que se ha convertido en una demanda insaciable de los inversionistas a nivel mundial.

Por tanto, para abordar este desajuste de inversión es fundamental que los gobiernos sigan introduciendo políticas favorables, sobre todo en las economías emergentes.

La comunidad inversionista dará una respuesta a la altura si se logra certeza y estabilidad en las políticas.

Sin embargo, el tema de la política gubernamental no se limita a los sistemas de apoyo, sino que también es fundamental ofrecer seguridad en otros ámbitos, como la disponibilidad de la red, la propiedad de los terrenos y los acuerdos de Power Purchase Agreement (PPA).

Al contribuir a la mitigación del cambio climático, el sector de la energía eólica ya está haciendo una notable aportación al desarrollo sostenible.

Además, el sector eólico representa más de 300,000 empleos en la Unión Europea, una cifra que seguirá aumentando a medida que avanzamos hacia unas emisiones netas de gases de efecto invernadero nulas.

A menudo se trata de trabajos de alta calidad, que contribuyen al empleo local en zonas rurales o desfavorecidas.

Además, sustituir la dependencia de los combustibles fósiles por energía eólica tendrá un efecto directo en la contaminación del aire del mundo, que se estima que provoca casi medio millón de muertes prematuras al año.

Según las estimaciones más conservadoras, las fuentes con bajas emisiones de carbono y el gas natural cubrirán al menos 80% del aumento de la demanda mundial de energía de cara a 2040.

 

LAS AMENAZAS

Las energías renovables han sido la principal fuente de nueva capacidad eléctrica en los últimos seis años. Los inversionistas cada vez apuestan más por activos “verdes”.

El mercado de deuda sostenible ha pasado de 5,000 millones de dólares, en 2012, a 247,000 millones en 2018.

La ventana de oportunidad se está cerrando. Sin embargo, las organizaciones internacionales más prestigiosas coinciden en que la transición debería acelerarse significativamente para lograr los objetivos comunes de sostenibilidad.

Hay un aumento de los riesgos medioambientales. En un plazo de 10 años, ha aumentado 60%, y el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos se perciben como las mayores amenazas.

La energía eólica es fundamental para lograr la transición energética.

Su papel en el suministro de electricidad podría ser nueve veces mayor: podría suministrar hasta alrededor de 34% de la demanda mundial de electricidad en 2040 (frente al 4% actual). Esto son 14,000 Twh, el equivalente a la generación eléctrica total en China, Europa y Estados Unidos hoy en día.

Podría suponer alrededor de 23% de las reducciones de emisiones de carbono necesarias en 2050: 5,600 millones de toneladas de CO2 (equivalentes a las emisiones anuales de las 80 ciudades más contaminadas del mundo, en las que habitan alrededor de 720 millones de personas).

La inversión en tecnologías limpias se duplicaría aproximadamente de cara a 2040 con respecto a los niveles actuales. La energía eólica pasaría de una inversión anual de 110,000 millones de dólares a 200,000 millones.

 

DESTACADO MOTOR LIMPIO

La industria de la energía eólica es un gran motor de innovación. Este sector está a la vanguardia de la innovación tecnológica, el aumento de la eficiencia y la reducción de costos: el tamaño de los aerogeneradores y los factores de capacidad se han triplicado, mientras que los costos de generación se han reducido en 65% desde 1990.

Y ahora toca el turno de la eólica marina. Si bien la eólica terrestre ha sido el segmento dominante durante años, la eólica marina ahora crece más rápido, gracias a los impresionantes avances tecnológicos y la reducción de costos.

Presenta importantes ventajas, por ejemplo, factores de capacidad superiores, previsibilidad, nuevas oportunidades económicas en las zonas costeras (por ejemplo, al noreste del Reino Unido) y, si las estructuras flotantes continúan mejorando, podrían abastecer a grandes centros costeros de demanda (40% de la población mundial vive a menos de 100 km del mar).

La energía solar y la eólica se complementan, lo que brinda mayor seguridad de suministro, disminuye la volatilidad de precios y propicia un conjunto más diversificado de actores en el mix energético mundial.

La industria de las energías renovables es fundamental para muchos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente el ODS 7, que se centra en el acceso a la energía asequible, segura y sostenible, y el ODS 13, que gira en torno a las acciones urgentes para combatir el cambio climático. A escala mundial, en un escenario sostenible:

Se espera que el consumo total de energía final de fuentes renovables aumente hasta al menos 22% (frente a 10% de 2017) y se logre el acceso universal a la electricidad y a tecnologías de cocinado limpias, de cara a 2030.

Los beneficios de las reducciones de CO2 conseguidos con la energía eólica en 2050 se estiman en 386,000 millones de dólares (costo social reducido), similar al PIB de Noruega en la actualidad.

Todas las energías renovables juntas reducirían la contaminación del aire lo suficiente como para salvar hasta cuatro millones de vidas al año en 2030.

La energía eólica podría ahorrar hasta 16,000 millones de m3 de agua en 2030 (alrededor de 15% del agua del mar Muerto). Solo en Europa, evitaría el uso de 1,571 millones de m3 (el consumo equivalente de 13 millones de hogares en la Unión Europea).

La industria eólica podría emplear a tres veces más personas que en la actualidad, de 1.1 a 3 millones de personas (directa e indirectamente). Muchos de estos trabajos son locales y calificados, lo que genera un valor económico considerable para la mayoría de las regiones.

* Los autores son Líder Global de Renovables y Comisario europeo de Acción por el Clima y Energía en KPMG, respectivamente.