La flexibilidad del sistema eléctrico, el desafío de América Latina

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La flexibilidad del sistema eléctrico, el desafío de América Latina

Latinoamérica enfrenta el reto de abastecer una creciente demanda de energía eléctrica por medio de fuentes renovables.

Por Álvaro Anzola*

Se estima que para el año 2030, la demanda de energía eléctrica en América Latina aumente un 70%, lo que conlleva la búsqueda de fuentes renovables para la obtención de electricidad, como la energía eólica y solar, en una región que tradicionalmente dependía de la energía hidroeléctrica.

Esta transformación, no solo está ocurriendo en los países de América Latina, se trata de un movimiento global que lleva a países de distintas latitudes a buscar alternativas que permitan crear una nueva red eléctrica que corresponda al siglo XXI. La creación de sistemas energéticos diversificados, que sean económica y ambientalmente sostenibles, servirá de base para la prosperidad actual y futura de la región latinoamericana.

Para los mercados de energía de América Latina, debido a su heterogeneidad, la flexibilidad eléctrica representa un reto, pero uno de los países con más avances en este tema es México, pues parece haber entrado en un período de prolongada expansión de su sistema eléctrico, ya que se encuentra en una fase de diversificación lejos de los combustibles fósiles. Los generadores de gas natural son la principal fuente de producción de electricidad en el país, con un papel dominante en el sector eléctrico, pero se espera que la energía renovable comience a tener participación con instalaciones de energías eólicas, solares y geotérmicas, aunado al 16%, de la capacidad total instalada, que posee la energía hidroeléctrica.

Por otro lado, Brasil es un mercado que consume el doble de energía que Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay juntos; la electricidad en este país es obtenida principalmente de recursos hidroeléctricos, aproximadamente el 70%, sin embargo, se espera que la energía eólica, solar y el gas natural tengan más participación para el año 2030, ya que el país requiere una diversificación para evitar la escasez de energía provocada por la sequía.

Colombia es un caso similar a Brasil. Su sistema eléctrico se centra en la energía hidroeléctrica, la cual representa el 75% de la capacidad instalada, mientras que las centrales de combustibles fósiles representan tan sólo el 20% y una pequeña fracción de las centrales eléctricas de biomasa conforman el resto.

Finalmente, en comparación con los países descritos anteriormente, en Argentina, el tercer mercado energético más grande de América Latina, actualmente el suministro de electricidad se satisface con combustibles fósiles.

ALMACENAMIENTO DE ENERGÍA

 

Sabemos que la transformación no ocurrirá de la noche a la mañana, debido a que depende del ritmo de cambio y la combinación de soluciones energéticas en cada zona geográfica. Sin embargo, existen opciones viables y rentables para mejorar la flexibilidad del sistema eléctrico que pueden ser aplicadas dependiendo de cada país. Los diseños del mercado determinan exactamente qué tan flexible es el sistema para responder a los cambios en la oferta y la demanda, además, las mejoras en los principios de funcionamiento del sistema pueden ser beneficiosas para una mejor integración de los recursos de energía variable.

Aunado a los diseños del mercado y el mejoramiento del funcionamiento del sistema eléctrico, una de las acciones que ayudan a la flexibilización es el almacenamiento de energía tanto mecánica, térmica o química, que logra reducir las preocupaciones sobre los impactos en los sistemas de energía eólica y solar. Para este propósito, GE recientemente ha traído la solución de baterías de iones de litio a escalas de servicios públicos denominadas “Reservoir de GE”. Esta solución almacena energía flexible y compacta combinando tecnologías avanzadas, además de contar con la experiencia de GE para este tipo de servicios.

Los países latinoamericanos que pongan en marcha un plan de flexibilización también deberían tomar en cuenta la gestión de la demanda, lo cual depende del sector y su consumo de energía, así como la utilización de generadores flexibles, los cuales tienen la capacidad de incrementar rápida y progresivamente para resolver los cambios pronunciados de la carga.

Por último, las redes de transmisión y distribución de los sistemas eléctricos son un factor clave de la flexibilidad del sistema, ya que al aumentar el grado de las interconexiones y el alcance geográfico de las redes de distribución y transmisión nacionales también aumenta la capacidad de la red para ajustar las fluctuaciones de la demanda y la oferta.

En resumen, los países de América Latina han usado distintos enfoques para flexibilizar el sistema eléctrico, pero existen otras alternativas que se pueden aprovechar. Las herramientas necesarias para facilitar la transformación están disponibles en la actualidad y han sido demostradas en los mercados energéticos del mundo; lo que sigue para estos países es dar los primeros pasos para el ajuste que permita la apertura a nuevas formas de obtención de energía eléctrica.

* Region Sales General Manager – Latin America & Caribbean Gas Power Systems and Power Services, GE Power
2019-04-23T11:29:50+00:00

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