En 6 años, la inversión sostenible ha visto crecer sus activos en 182%.

Por Nicole Neghaiwi*

 

El auge de las inversiones sostenibles se debe a numerosas fuerzas que están propiciando una transición hacia una economía más sostenible.

Entre ellas se encuentran los problemas medioambientales, la presión de los organismos reguladores y la creciente demanda por parte de los consumidores.

El mercado de la inversión sostenible –que en general se entiende como el conjunto de las inversiones que integran factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG) en sus procesos de inversión y toma de decisiones– ha crecido rápidamente.

El volumen total de activos bajo gestión conforme a estrategias de inversión sostenible ha pasado, entre 2012 y 2018, de $11,000 a $31,000 millones de dólares, lo que supone una tasa de crecimiento de 182%.

Lo anterior ha llamado la atención de los observadores, y hay escépticos que se plantean si este mercado crece con excesiva rapidez.

Por nuestra parte, consideramos que esta inquietud no está justificada. El auge de la inversión sostenible es motivado por fuerzas externas que promueven la transición hacia una economía más sostenible.

Tomemos como ejemplo la cadena de valor ambiental de los artículos de consumo habituales.

Casi tres cuartas partes de los materiales utilizados para fabricar prendas de vestir terminan en vertederos, o son incinerados al concluir su vida útil, lo que equivale a un camión de basura por segundo.

Por otra parte, la acumulación anual de residuos electrónicos ronda los 45 millones de toneladas, lo suficiente como para llenar más de un millón de camiones de 18 ruedas, que podrían formar una fila desde Nueva York a Bangkok y de regreso.

 

SEGUIR IGUAL NO ES OPCIÓN

Según estimaciones de Naciones Unidas, en 2050 la población mundial necesitará los recursos naturales de tres planetas para mantener su actual estilo de vida.

En otras palabras, seguir como hasta ahora no es una opción. Estas cifras dan cuenta no solo del despilfarro ambiental, sino también de la ineficiencia económica.

Según un estudio realizado por Accenture, la economía circular –que minimiza los desechos y aprovecha al máximo los recursos disponibles– podría generar una producción económica añadida de $4,500 millones de dólares en 2030.

Los organismos reguladores son cada vez más conscientes de ello. Desde la década de 1970, en todo el mundo, las leyes de orden ambiental se han multiplicado por 38.

Desde la prohibición de los plásticos de un solo uso hasta el endurecimiento de las directrices sobre cadenas de suministro, lo que hace tan solo cinco años era una práctica empresarial aceptable, hoy ya no lo es. Por extensión lo que actualmente es aceptable posiblemente dejará de serlo en cinco años.

 

LOS CONSUMIDORES, FUERZA MOTRIZ

Sin duda, el principal motor de las tendencias de consumo sostenibles son, al menos hasta ahora, los propios consumidores.

A escala mundial, dos tercios de éstos afirman que estarían dispuestos a pagar mayors precios por productos más sostenibles, según una reciente encuesta realizada por Nielsen.

Los millennials, sobre todo, son los que muestran más interés en torno a la sostenibilidad. Esto representa una oportunidad muy importante para los inversionistas.

En 2019, los productos comercializados como sostenibles han crecido 5.6 veces más rápido que sus alternativas no sostenibles.

De igual modo, y como se reporta en la serie Supertendencia de Credit Suisse Los valores de los millennials, nuestra previsión es que las empresas que se adaptan a los gustos de los millennials obtendrán resultados superiores.

El éxito de la reciente salida a bolsa de empresas como The RealReal, primera compañía pública de ropa de segunda mano, o Beyond Meat, dedicada a las alternativas vegetales frente a los productos cárnicos, son sólo un par de ejemplos de que los beneficios económicos y los buenos propósitos no son mutuamente excluyentes.

* La autora es vicepresidenta de Impact Advisory & Finance en Credit Suisse.