La moda mexicana pisa fuerte, otra vez

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La moda mexicana pisa fuerte, otra vez

La capital mexicana brilló en la más reciente edición del Mercedes-Benz Fashion Week.

Textos y fotos por José Manuel Valiñas

Con la presencia de los principales diseñadores mexicanos y la revelación de colecciones por demás vanguardistas, la edición número 25 de Mercedes-Benz Fashion Week México se llevó a cabo esta vez en tres locaciones distintas: el Hotel Four Seasons de Paseo de la Reforma, el Frontón México y el Bosque de Chapultepec.

Fue una semana de propuestas diversas, de empoderamiento femenino y de inclusión (desfilaron modelos curvy, senior y transgénero). La declaración parece haber sido, por un lado, la necesidad de democratizar la moda: hacerla accesible con un clic a través de la alianza de varios de los diseñadores con Amazon; y por el otro lado no escatimar en fastuosidad, como sucedió en la pasarela de Benito Santos, el diseñador mexicano más cotizado de la actualidad.

Resaltan colecciones como la de la diseñadora yucateca Vero Díaz, en la que hubo incensarios, caracolas y un ritual maya, para después dar paso a un imponente desfile de vestidos en rojo, con distintas telas y moldeados. Algunas piezas presentaron encajes o detalles vaporosos, pero en general proliferaron los tonos monocromáticos, también en sus vestidos de noche, en tonos verdes, morados, naranja y azules, con sedas y largos hasta el piso.

Otro de los grandes diseñadores de nuestros días, Alfredo Martínez, presentó también piezas monocromáticas, predominando el blanco y negro. Sus prendas entalladas contrastaban con amplios holanes y, sobre todo, estampados en animal print, pues se inspiró en la fascinación que nos provocan los animales salvajes y el contacto directo con la naturaleza. Otra de sus fuentes de inspiración fueron las películas de Brian De Palma: los thrillers psicológicos que resaltan la pasión y las emociones a flor de piel. Como tal, sus prendas con transparencias completas parecían abrir el corazón a las sensaciones de máxima sensualidad.

Alexia Ulibarri presentó, por su parte, una colección inspirada en la poeta Sylvia Plath, por lo que fue una propuesta a favor del empoderamiento de las mujeres en las prendas, en la filosofía y en la sensación de tomar el mundo que la vida les ofrece. Sus abrigos estampados, tipo animé, hicieron un interesante guiño a la cultura pop, muy adecuado a los tiempos que se viven y al nuevo consumidor millennial, fuente importante del mercado actual. Sus piezas, al igual que las de Lorena Saravia, se pueden encontrar en la plataforma de Amazon, con precios accesibles para tratarse de diseñadores de Fashion Week.

De su lado, el queretano Galo Bertin ofreció una cátedra de moda masculina con sacos elegantes y sofisticados, pero también provocativos en tonalidades y en su construcción. La marca Boyfriend’s Shirt también hizo honor a las prendas masculinas, con telas metálicas y colores atrevidos en la gama de azules y ocres.

La moda urbana estuvo representada por diversas propuestas, no sólo la de Bertin, sino en las piezas de Arthaka, Okeda, la misma Ulibarri y el Colectivo de Diseño Mexicano.

El invitado internacional de este año fue el prestigiado Istituto Marangoni, que presentó una buena cantidad de prendas, lo mismo atrevidas que de corte más conservador, pero siempre en el estilo tan particular que ha hecho a la moda italiana uno de los puntales de la industria a nivel mundial.

Como cada año, la pasarela de Lydia Lavín fue de las más esperadas. Esta vez su colección estuvo dedicada a la “América árida”, con diseños que denotan la gran herencia cultural de los pueblos yaqui y rarámuri. La precedió la danza del venado en vivo, el ritual de cacería que, como saben los antropólogos, no ha sufrido alteraciones importantes desde su aparición en las comunidades de Sonora.

Inmediatamente después comenzaron a aparecer las deslumbrantes creaciones de Lavín, que a lo largo de los años se ha caracterizado por el rescate precisamente a las tradiciones textiles de las indígenas mexicanas, compartiendo con ellas sus propuestas creativas, y siempre otorgándoles el crédito que merecen. Finalizó con un vestido de novia elegante y sencillo a la vez, que también recordó otra veta cultural de Chihuahua: la cultura menonita.

Quien también cerró su participación con un suntuoso vestido de novia, a la usanza de los desfiles de moda de décadas pasadas, fue Benito Santos, quien mostró una colección basada en tonalidades rosas, moradas y púrpura, con toques en rojo y café. Sus imponentes vestidos con moños oversized, sus elegantes abrigos, las plumas que a menudo incrusta en sus creaciones y el acucioso trabajo de filigrana en cada pieza, hicieron de su pasarela el punto culminante de la semana de la moda, que una vez más demostró que la industria mexicana sigue ocupando su orgulloso lugar entre las 12 principales del mundo entero.

2019-05-22T12:07:21+00:00

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