Asumir que toda la violencia homicida en México está relacionada a la delincuencia organizada es falso.

México es el país con el segundo conflicto más letal del mundo, solo detrás de Siria, que enfrenta una intensa guerra civil desde hace seis años, pero ¿qué tan cierto es esto?

Las notas citán fuentes como el Armed Conflict Survey 2017, publicado por el International Institute for Strategic Studies (IISS), un think tank en Londres.

La premisa central de las notas se basa en el comunicado de prensa publicado por IISS, en el que se afirma que el segundo conflicto más letal en el mundo ocurre en México contra la delincuencia organizada, un enfrentamiento que ya suma más de 23 mil muertes en 2016. Siria, según el reporte tiene 50 mil caídos en el mismo año. Por debajo de México están Iraq, Afganistán y Yemén.

El año más violento de México de los últimos tiempos fue 2011, en plena guerra contra las drogas del entonces presidente Felipe Calderón. Mientras las bandas de narcotraficantes luchaban contra las fuerzas de seguridad –y para el control de las rutas de tráfico hacia Estados Unidos– los estados del norte eran los campos de exterminio de México. Ese año México tuvo 22,852 asesinatos. El número cayó bajo el sucesor de Calderón, Enrique Peña Nieto, quien desaceleró la guerra contra las drogas.

Pero el asesinato está ahora de vuelta a sus peores niveles. Si el año continúa como ha comenzado, el número de asesinatos en 2017 será el más alto todavía. Hubo un 6% más de homicidios en los primeros tres meses de 2017 que en el mismo período de 2011. Pero la distribución de la violencia ha cambiado. A medida que las guerras de pandillas del norte se reducen, las batallas a menor escala estallan en el sur.

Una de las razones de esto es el cambio en el modo en que las pandillas operan, provocado por la guerra contra las drogas. La policía eliminó a los jefes, a menudo con éxito. Las pandillas sin líderes no desaparecen. En cambio, los gángsters de nivel inferior luchan por el control o dejan de formar sus propios grupos, lo que lleva a una reordenación violenta de la jerarquía del crimen organizado. El arresto el año pasado de Joaquín “El Chapo” Guzmán, el jefe del cartel de Sinaloa, seis meses después de su fuga de la cárcel, provocó conflictos dentro del grupo. La banda también chocó con sus rivales tratando de explotar su debilidad, especialmente contra el Grupo Jalisco Nueva Generación, con la que luchó en el puerto de Manzanillo y en otros lugares.

 

LA PRIMERA DIFERENCIA

Pero medir estos enfrentamientos tiene sus asegunes. Hay que considerar el tamaño de las poblaciones en los países a comparar. Usualmente –como apuntó Patricio Estévez Soto en Punto Decimal– se comparan datos de homicidios entre países es necesario considerar el tamaño de las poblaciones. Por ello la comparación de homicidios entre países casi siempre se hace tomando en cuenta tasas de cien mil habitentes.

Antono Sampaio, investigador del IISS, comentó a Reuters que no se reportaron las cifras en tasas de cien mil habitantes puesto que muchos de los países en el estudio no cuentan con datos demográficos de calidad.

Sin embargo, esta justificación no resuelve el problema de comparar países de tamaños tan dispares como México, Siria e Irak, por ejemplo. La población de México (aproximadamente 127 millones de personas) es una orden de magnitud mayor que la de cualquier país en la lista de los 5 países con los conflictos más violentos. Para ponerlo en perspectiva, la población de México es mayor que las poblaciones Siria, Irak, Afganistán y Yemen juntas (114.2 millones).

“Si bien es verdad que no siempre hay estimaciones precisas de la población para todos los años, y que las cifras son aún más precarias en países desgarrados por guerras como los cuatro países del Medio Oriente mencionados, la diferencia en las poblaciones es tan abismal que ignorarla es pecar de ingenuidad en el mejor de los casos y de irresponsabilidad en el peor de ellos”, anota Estévez Soto.

 

LA SEGUNDA DIFERENCIA

El reporte afirma que las 23,000 fatalidades reportadas son atribuibles a la delincuencia organizada y su combate. El comunicado de prensa no deja claro cuál es la fuente de los datos utilizada para estimar esta cifra, sin embargo, en el blog del IISS se menciona que la cifra de México corresponde al total de homicidios intencionales en 2016.

“Suponer que el universo entero de los homicidios dolosos en México está relacionado al ‘conflicto’ con y entre la delincuencia organizada es un grave error”, señala Estévez Soto. Y luego cita al propio gobierno mexicano –en su réplica al reporte–, los homicidios dolosos en México incluyen violencia interpersonal, doméstica, riñas, homicidios relacionados a delitos comunes, entre otros. No se sabe con exactitud cuántos de estos sí están relacionados a la delincuencia organizada, pero dista mucho de ser el universo total de homicidios.

Y a continuación un desglose pertinente: si se considera a los homicidios con armas de fuego como una medida más precisa de las fatalidades relacionadas a la delincuencia organizada, solo 60% de las denuncias por homicidio, o cerca de 13,000 denuncias, involucraron armas de fuego, una cifra mucho menor que la citada por el estudio.

 

PROBLEMA DE VIOLENCIA

 

Estévez Soto señala: “México sí tiene un problema de violencia. Y México sí tiene un problema con grupos de delincuencia organizada. Y es cierto también que los homicidios han repuntado en el país”.

Y las cifras no mienten, en 2016 hubo un repunte considerable en el número de homicidios. Y es probable que muchos hayan sido producto de enfrentamientos entre bandas de maleantes y autoridades que los persiguen. Así que asumir que toda la violencia homicida en México está relacionada a la delincuencia organizada es falso, maniqueo y erróneo.

En opinión de Alejandro Hope, analistas de seguridad en América Latina, México está en media table entre los países más violentos. La tasa de homicidio es inferior a la de Honduras, El Salvador, Guatemala, Colombia, Venezuela, Brasil y otros territorios del Caribe. Y apunta que la región latinoamericana es una excepcionalmente violenta que concentra, aproximadamente, uno de cada tres homicidios en el mundo.

“México es un país violento, pero no somos Siria, ni Irak, ni Afganistán”, dice Hope. De hecho, en el reporte de IISS se omite a Venezuela y Brasil y dos terceras partes del mundo no están incluidos, y parece que es por la disponibilidad de información más que por la existencia o no de un conflict armado. Como Venezuela tiene malos datos, tampoco fue incluida.