A los inversionistas les preocupa la región ya que deudas públicas han incrementado y por inestabilidad política.

En Brasil parece que la crisis tocó fondo, aunque recién anunciaron las autoridades un recorte de medio punto a su crecimiento para 2017. En México se encontró un nuevo y enorme yacimiento de petróleo. Los colombianos dejaron las armas y tomaron el trabajo. Y los peruanos no paran de crecer. ¿Venezuela? Al borde de la revuelta social.

Sin embargo, ¿por qué se preocupan los inversionistas por la región? China y Estados Unidos crecen. América Latina se enfrenta a un apretón fiscal. El boom de los productos básicos aumentó temporalmente los ingresos fiscales. Muchos gobiernos gastaron, en lugar de invertir o ahorrar, esta ganancia inesperada.

El déficit fiscal primario (es decir, antes de los pagos de intereses) en la región en su conjunto aumentó del 0.2% del PIB en 2013 al 2.6% el año pasado. Es decir, la deuda pública aumentó. Muchos gobiernos han comenzado a retractarse. Pocos están en condiciones de cebar la bomba de recuperación.

Hay que añadir la inestabilidad política que sazona Trump, en particular con México y la renegociación del NAFTA 2.0. Los problemas añejos de inestabilidad política de la región no ayudan, pues los problemas estructurales permanecen (inadecuada infraestructura, pobreza, poca escolaridad, impuestos mal diseñados, regulaciones tortuosas, por citar algunas).

Las elecciones presidenciales en Chile, Colombia, México y Brasil están a la vista (entre noviembre y octubre de 2018), en tanto Argentina tiene elecciones intermedias del congreso. El populismo campea y eso asusta a los inversionistas.