Un análisis de las inversiones en movilidad revela cómo las tecnologías interactúan y dónde hay nuevas oportunidades.

La mayor innovación de Henry Ford fue crear un auto utilitario de uso masivo: el famoso Modelo T. Pero según los historiadores, nunca llegó a aceptar que los autos habían dejado de ser un medio de transporte para convertirse en artículos de lujo y símbolos de status.

Ahora, William Clay Ford, su bisnieto, afirma: “Si vuelvo la vista al momento en que mi bisabuelo fundó la empresa (…) es increíble lo poco que ha cambiado este negocio. Seguimos construyendo autos en una fábrica, vendiéndolos a través de concesionarias, y siguen teniendo un motor de combustión interna y cuatro ruedas”.

La revolución en la industria automotriz está en ciernes. Los próximos ecosistemas incluirán diversos actores que brindan soluciones multisectoriales y de acceso digital basadas en tecnologías emergentes. En automoción, es probable que cuatro de estas tecnologías conocidas con el acrónimo ACES -conducción autónoma, conectado al Internet de las cosas, eléctrica y movilidad compartida- sean clave.

Gracias a los hallazgos del Análisis de Paisaje de Inversión y Puesta en Marcha (SILA, por sus siglas en inglés), el motor de Big Data de auto optimización propiedad de McKinsey, ofrece una imagen más detallada del campo de batalla y su evolución.

A través del análisis semántico de SILA, del análisis de redes y de palabras claves de compañías relevantes en los clústers, McKinsey identificó a más de mil compañías combinadas que han recibido inversiones externas desde 2010 por aproximadamente $111,000 millones de dólares.

Esta cifra no incluye los gastos internos de I+D de las empresas automotrices y de tecnología, pero incluye adquisiciones y participaciones en otros negocios realizados por estas compañías.

En la última década, la tasa de inversiones en movilidad se ha multiplicado casi por seis, y el tamaño medio de las transacciones se ha triplicado.

Solo en 2016, las inversiones ascendieron a $31,000 millones de dólares, un poco menos de la mitad del gasto total en I+D de todos los fabricantes de automóviles ($77,000 millones de dólares).

Alrededor de 60% del volumen de inversión total entró en grandes acuerdos de conformación de la industria, mientras que el resto recibió una gran cantidad de ofertas más pequeñas.

En particular, estas inversiones no se centraron en los productos, sino en las tecnologías subyacentes a los cambios en la movilidad. En otras palabras, los inversionistas apuestan por un ecosistema.

No menos convincente es la evidencia sobre quiénes son los inversionistas. Más de 90% de las inversiones identificadas por SILA han sido hechas por compañías tecnológicas, por un lado, y empresas de capital de riesgo (VC) y de capital privado (PE), por el otro. Estos dos sectores están invirtiendo en cantidades iguales (es decir, un poco más de 45% de las inversiones totales), los OEM y los principales proveedores constituyen el resto. Y aunque las firmas de VC y PE hacen estas inversiones porque esperan un crecimiento significativo y es probable que busquen salir en el futuro previsible, las compañías de tecnología parecen decididas a mantenerse en pie, replantearse los puntos de control emergentes y adelantarse a las tendencias críticas.

El análisis SILA muestra diez grupos principales basados en las cuatro tecnologías ACES.

Entre estas tecnologías, la conducción autónoma recibió la mayor cantidad de fondos. Las soluciones para compartir obtuvieron el segundo lugar, con alrededor de un tercio de los fondos, sorprendentemente poco, dada la atención de los medios.

En ambas áreas, las inversiones estuvieron dominadas por algunas grandes inversiones en grandes empresas (por ejemplo, Didi, Mobileye y Uber); la conducción autónoma también tenía una larga cola de pequeñas inversiones en nuevas empresas tecnológicas.

La imagen es muy diferente en el clúster de conectividad, donde las inversiones se han centrado casi exclusivamente en pequeñas y medianas empresas especializadas. Las inversiones en electrificación y almacenamiento de energía son más pequeñas que las inversiones en otras tecnologías, muy probablemente porque las compañías automotrices están invirtiendo en estas tecnologías internamente.

El análisis también revela fuertes vínculos entre los diferentes conglomerados de ACES (como lo muestra su proximidad en el mapa de nodos), que enfatiza la amplia aplicación de las tecnologías subyacentes.

Por ejemplo, el aprendizaje automático es la tecnología subyacente para el software de conducción autónoma y de reconocimiento de voz, entre otros. Esto sugiere que las empresas deberían considerar las oportunidades a la luz de la tecnología que se utilizará en lugar de las ofertas que se desarrollarán.

No es de extrañar que más de la mitad de las nuevas empresas que actualmente reciben inversiones tengan su sede en Estados Unidos, lo que implica tanto el número de empresas como el volumen de inversión. China sigue y Europa está muy rezagada. Pero como muestran los datos de SILA, un ecosistema de movilidad está tomando forma rápidamente en todo el mundo.

Este ecosistema es más que solo Automotive Industry 2.0. Liderar en el nuevo paisaje requerirá competir con múltiples jugadores nuevos -muchos que no provienen de un entorno automotriz tradicional- e integrar diferentes capacidades.

Para los OEM y proveedores tradicionales, así como para los nuevos participantes, será esencial adoptar una mentalidad de ecosistema.

Hace poco más de100 años, Ford creó una compañía de autos utilitarios para uso masivo. Hoy, la empresa sigue en pie con ciertas dificultades, y la industria vive una revolución.