A medida que la pandemia del COVID-19 avanza, los pronósticos de analistas sobre el petróleo se vuelven cada vez más pesimistas.

Por Alfonso Blanco y Andrés Schuschny*

 

El sector petrolero presenció este lunes 20 de abril un acontecimiento histórico. Por primera vez, los precios cotizaron con valores negativos por debajo de cero y el barril WTI terminó cerrando en -37 dólares.

En términos económicos significa que los agentes del mercado que pretendían vender contratos de futuros de crudo, tienen la voluntad de pagar un precio para desprenderse de ese activo.

Actualmente se observa una drástica reducción de la demanda a niveles nunca vistos como consecuencia de la interrupción de la actividad económica a nivel internacional provocada por el coronavirus.

El transporte público de muchos países, la suspensión de la aeronavegación comercial a nivel global, la caída de la demanda de energía en el sector industrial y comercial y las cuarentenas que mantienen a las familias en sus hogares son responsables de la caída de la demanda de combustibles observada.

A medida que la pandemia avanza los pronósticos de los analistas se vuelven cada vez más pesimistas.

La IEA, en su último informe, estima que el mes de abril finalizará con una reducción en la demanda de 29 millones de barriles diarios.

El problema de fondo es que los recortes de la producción acordados por la OPEP representan solamente 10 millones de barriles para mayo y junio y, en un escenario optimista, podría ampliarse a unos 15 millones por la caída de la producción de aquellos países que no formaron parte del pacto entre las potencias petroleras, pero que terminarán afectados por un lógico efecto de mercado.

Esta diferencia en la velocidad en la que cae la demanda respecto a la oferta, es lo que hace que los precios no sólo no hayan podido recuperarse tras el anuncio del organismo, sino que continúen en una profunda caída.

Sumado a ello, la capacidad de almacenamiento de crudo comienza a escasear.

El 21 de abril están venciendo los contratos de futuro en Estados Unidos para el cierre de los contratos de petróleo para entrega en mayo y, como no existe la posibilidad de recibir crudo por parte de muchos operadores del mercado debido a la escasez de almacenamiento, quien tenga vigente un contrato de este tipo tendrá que respetarlo y hacerse cargo del crudo que le entregarán el próximo mes y, por lo tanto, estos agentes de mercado estarían dispuestos a desprenderse del mismo, por lo cual se observa esta construcción de precios negativos.

En un contexto donde los depósitos de almacenamiento están colmados estos contratos futuros no son viables y por lo tanto, no significa que el precio real del petróleo sea de -37 dólares, sino que es el resultado de una particular coyuntura del mercado.

Mientras que el WTI tuvo una caída del 306%, el Brent bajó un 8,9% para terminar operando a 25,5 dólares.

A partir del 21 de abril se abren los contratos de junio que tienen otra perspectiva porque ahí empezaría a regir el recorte de la OPEP.

Por lo tanto, el precio debería tender a estabilizarse. Un indicador en tal sentido es que los precios futuros a junio se encuentran en el rango de los 22 dólares por barril.

En los mercados de futuros este fenómeno se denomina “Super Contango” y es cuando los precios spot (precio del mercado de corto plazo) del activo es inferior al precio a futuro del mismo y este spread de precios no puede explicarse únicamente por los costos de almacenamiento o financieros, sino que actúan otros factores que inciden en un desequilibrio entre la oferta y la demanda.

 

*Alfonso Blanco se desempeña como Secretario Ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) y Andrés Schuschny es Director de Estudios, Proyectos e Información de Olade.