Países de América Latina se enfrentan a 2 retos: tener una nueva relación con EU y realizar elecciones en 2017 y 2018.

Por Eric Gaxiola Aldama

Corrupción, crisis económica, desgaste de la imagen de las instituciones públicas, violencia, amplia dependencia con Estados Unidos (EU), privilegio a los intereses de empresas multinacionales, reformas poco claras y tratados de libre comercio en riesgo. Narcotráfico, casos de corrupción a nivel regional -Oderbrecht y Panama Papers- y locales. Agudización de la pobreza y concentración de la riqueza en pocas manos. Agresión y asesinatos a líderes sociales y a periodistas… de qué país latinoamericano estamos hablando. Podría ser cualquiera: México, Colombia, Argentina o Chile.

Las mismas condiciones privan en la mayoría de las naciones del subcontinente. Sin embargo, el Banco Mundial (BM) pone la nota de optimismo. De acuerdo con el organismo, la región ha sufrido seis años de desaceleración, incluidos dos de recesión, pero ahora está frente a un panorama de crecimiento, con miras a reducir la pobreza y promover la prosperidad.

El BM espera que para 2017, la región se expandirá1.2%; para 2018 el pronóstico sube a 2.1%, por el final de la recesión de Argentina y Brasil. México, en tanto, continuará creciendo y América Central y el Caribe lo harán todavía de forma más acelerada, señala el organismo.

Sin embargo, para alcanzar ese panorama, el BM recomienda a los países de América Latina atacar sus desequilibrios externos y fiscales, fortalecer la integración económica regional para volverse más competitivos a nivel global, y evitar sacrificar indebidamente la inversión durante el proceso de ajuste. Además, les señala el deber de invertir en su gente, en particular los pobres.

 

DEL RECHAZO A LA SALVACIÓN, LA PARADOJA DE LOS ACUERDOS

Tras 25 años de la entrada de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el resultado es que este país ofrece mano de obra a niveles muy bajos, se ha acrecentado el abandon del campo, existe precarización del trabajo y fortalecimiento de la industria más poderosa de México: el narcotráfico.

Se estima que las organizaciones criminales, que dominan el abastecimiento y distribución de la mayoría de las drogas ilícitas en EU, mueven alrededor de US$40,000 millones cada año. Este tipo de acuerdos desiguales y con poca ventaja para la región provocó que se plantearan otros caminos para la integración: Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y el giro político, cultural y social que tomó el Mercado Común del Sur (MERCOSUR).

El rechazo a los mega-acuerdos de libre comercio adquirió también un rol protagónico durante el proceso electoral de EU en 2016, luego de las elecciones, con el triunfo de Donald Trump y la amenaza de las medidas proteccionistas para la economía estadounidense.

Ahora, el consenso en torno al libre comercio ha tomado la senda contraria: se reivindica como la salvación.

Tan solo la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) habla de que ante una eventual ruptura del TLCAN, la economía mexicana podría experimentar una recesión de hasta 2.7% de su Producto Interno Bruto (PIB). No obstante, también señala que, de concretarse la salida de EU ésta no sería en el corto plazo y exigiría un mayor tiempo para hacerse efectiva.

El gobierno argentino de Mauricio Macri, Chile y Brasil tienen ahora el proyecto de fusionar el MERCOSUR y la Alianza del Pacífico. El primero, en el contexto de crecimiento de los gobiernos posneoliberales, había tomado un rumbo latinoamericanista buscando la inclusión de Venezuela y Bolivia; mientras que, como contrapeso, la Alianza del Pacífico se conformó por gobiernos alineados a los intereses económicos y de seguridad estadounidense durante la era Obama.

 

ELECCIONES, UN REACOMODO DE FUERZAS

Tras más de 15 años desde que las políticas neoliberales comenzaran a ser desterradas paulatinamente en los denominados países progresistas de la región, con el retorno de las corrientes de derecha en Argentina en 2015 y Paraguay en 2013, comenzó a posicionarse un fenómeno que se denominó “cambio de ciclo” en América Latina. A estas victorias electorales de la derecha, se unió el cambio de gobierno mediante el golpe orquestado en Brasil contra la presidenta electa Dilma Rousseff.

México está en una etapa de definición. Se acerca el último año del presidente Enrique Peña Nieto, cuyo mandato tiene un nivel de aceptación menor a 25% y las figuras de los otros partidos (PAN, Morena, PRD) se han enzarzado en una guerra de acusaciones, de las que la corrupción y la impunidad parece salpicar a todos.

En Chile, en tanto, se llevarán a cabo elecciones primarias parlamentarias y presidenciales el próximo 2 de julio, que prepararán el terreno para los comicios del 19 de noviembre y concluirán en la segunda vuelta de elecciones para presidente el 17 de diciembre. Por primera vez, desde 1990, cuando se recuperó la democracia, se levanta una tercera fuerza y el país andino comienza a estructurar su campo político en tres tercios.

En tanto, Argentina se alista para las elecciones legislativas primarias, en las que se renovará la mitad de la cámara de diputados (127 bancas) para el periodo 2017-2021 y un tercio de la de senadores (24 bancas) para el ciclo 2017-2023. Dichos comicios prepararán las estrategias para que en octubre de 2017 se lleven a cabo votaciones legislativas generales.

Mientras que Colombia –que se encuentra en medio de un nuevo panorama, el de la paz, tras cerca de 54 años en guerra– tendrá elecciones en marzo de 2018 para renovar el Senado (103 escaños) y la Cámara de Representantes (166 curules). Esto será el preámbulo de la contienda presidencial del 27 de mayo de 2018. Los liderazgos políticos del país comienzan a posicionarse, y determinarán el desarrollo de los Acuerdos de Paz alcanzados entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el gobierno de Juan Manuel Santos.

 

¿PARA QUIÉN SE GOBIERNA?

La derecha latinoamericana se ha caracterizado históricamente por una alianza entre los intereses del Estado y los del capital multinacional. Los ministerios públicos actúan como revendedores de las riquezas nacionales a poderosos grupos económicos nacionales y extranjeros. Si bien este modus operandi puede rastrearse a lo largo del tiempo, recientemente se ha caracterizado por la exageración del conflicto de intereses hasta lo irrisorio, como ejemplo puede verse el caso Odebrecht, constructora brasileña que corrompió a gobiernos de 12 países para ganar obra pública.

En Argentina, casi todo el gabinete está compuesto por figuras con escasa trayectoria política y mucha vinculación con empresas privadas, colocadas pertinentemente en carteras afines, tan es así que a éste se le ha catalogado “gobierno de CEOS” o “Ceocracia”. Ejemplo de lo anterior es el nombramiento de Juan José Aranguren, ex presidente de Shell, al frente del Ministerio de Energía y Minería del país austral.

En tanto que en México está en curso una investigación en torno a la relación de OHL México, filial de la constructora española, y el gobierno del Estado de México, por mencionar un ejemplo.

 

EFECTO TRUMP EN LA ECONOMÍA MEXICANA

El país más afectado durante los primeros meses de la era Trump ha sido México, por la cercanía y porque el mandatario lo ocupó como bandera de campaña, principalmente con el tema del muro y los migrantes.

Aunado a eso, México está atrapado entre la devaluación del peso, inflación, gasolinazos, corrupción (con varios gobernadores en la cárcel y otros prófugos), narcotráfico, así como asesinatos y persecución de activistas y periodistas. Sin duda un panorama nada favorable previo a las elecciones aunque, ante las erratas de los partidos de oposición, en los próximos comicios presidenciales todo puede pasar.

La mecha está encendida hacia una inevitable combustión social. Con la estocada económica que supuso el incremento en más de 20% de las gasolinas y el diésel, no hubo que esperar demasiado para que llegara una ola de aumentos en el costo de productos y servicios que ha pegado hondo en los bolsillos de los ciudadanos. Al primer trimestre, la inflación registró un incremento del 5.35%, el mayor en los últimos ocho años.

El debate sobre el modelo económico debe ser, sin duda, uno de los ejes fundamentales que se abrirán en la próxima coyuntura electoral mexicana.