Vivian Lan Agami, directora de Singularity University México, recurre a la tecnología para paliar carencias a gran escala.

Por José Manuel Valiñas

 

No tan fácil una persona decide irse a una tribu africana a educar niños, por amor al prójimo. Pero eso es justo lo que hizo Vivian Lan Agami –directora del Singularity University México Summit– cuando buscó una nueva forma de hacer labor altruista. Y esa experiencia sería la que la acabaría convenciendo del poder de la tecnología para cambiar al mundo.

Antes había estado en Medio Oriente, trabajando con niños árabes e israelíes, y en Chiapas, con niños indígenas. Buscando un nuevo voluntariado, supo de la oportunidad de apoyar la educación de los pequeños en Kenia, a través del arte.

Dado que tanto la pedagogía como las artes plásticas eran sus dos pasiones (estudió ambas disciplinas), decidió encaminar sus pasos hasta el continente negro. Además de una terrible realidad, la azotó la hambruna de 2011. Durante tres años no llovió en la región, principalmente en Kenia, Somalia y Etiopía, y la ONU declaró que había cientos de miles de personas en riesgo de muerte. Vivian se trasladó a Nairobi a ayudar en lo que pudiera y publicó un mensaje en Facebook pidiendo donaciones. Para su sorpresa, el mensaje se hizo viral y en 10 días juntó el dinero suficiente para armar una misión médica, con seis doctores, y comida para 20 mil personas.

Era el extremo opuesto de su sensación de impacto limitado: aquí un solo post en Facebook había exponenciado su petición de ayuda. Fue así como se dio cuenta de las inmensas posibilidades de la tecnología, no como un fin, sino como un medio para escalar proyectos.

Fue así que llegó a Singularity University, una institución fondeada por Google y la NASA, y situada en Silicon Valley, que tiene como objetivo usar la tecnología para atender no los retos pequeños, sino los más grandes y aparentemente imposibles de resolver. He aquí el consejo que les da Peter Diamandis, el cofundador de la universidad, a los estudiantes: que elaboren un proyecto que pueda favorecer a mil millones de personas. Nada menos.

 

RECURSOS INAGOTABLES

“¿Qué pasaría si abordáramos las diferentes problemáticas del mundo de esa forma, con posibilidades de soluciones abundantes en lugar de escasas?”, me reta Vivian durante el congreso de Singularity University. Y comienza una serie de ejemplos que son imposibles de rebatir, sobre todo, sabiendo que, gracias a la Ley de Moore, toda la tecnología está haciéndose cada vez más accesible, hasta que sus beneficios lleguen a todos los habitantes de la Tierra.

“El sol le da a nuestro planeta más de 5 mil veces la energía que utilizamos, así que no hay un problema de falta de energía, sino de encontrar la forma de capturar, almacenar y distribuirla de una forma adecuada”, continúa la directora del summit. Pero eso quedará resuelto en los próximos años y décadas, cuando se utilice masivamente la energía solar, que ya cuesta una mínima fracción de lo que costaba, por lo que ya existe un mercado eficiente para ello.

“Pasa lo mismo con el agua: 70% del recubrimiento de la Tierra es agua, y ya hemos encontrado la tecnología que nos va a permitir utilizarla y reutilizarla, y convertir el agua salada en potable. Entonces los problemas globales se podrán resolver de una forma eficiente, y eso es lo que buscamos en Singularity: construir un mundo de abundancia”.

 

EL FUTURO DEL EMPLEO

En el trabajo del futuro vamos a laborar menos horas porque las máquinas nos van a reemplazar en las tareas mecanizadas, y lo que se va a valorar es la creatividad humana pero, ¿qué va a pasar mientras llegamos a eso? “Es similar a lo que sucedió con la revolución industrial –enfatiza Lan Agami–. Trajo muchos más empleos de los que desplazó, y muchísima más riqueza y un bienestar mucho más generalizado. Siempre que una industria se termina y se ve sustituida por otra, por supuesto que desaparecen muchos empleos en los años inmediatos, pero a la larga se generan muchos más”.

El verdadero reto está en las habilidades que enseñamos para que los niños y jóvenes puedan tener el día de mañana empleos de colaboración, de análisis, de creatividad, de trabajo en equipo, de estrategia.

Fiel a sus convicciones, Lan Agami termina diciendo que el objetivo del summit no es informativo: “No es decir cuáles son las mejores tecnologías, sino generar un diálogo de qué postura queremos tomar ante un futuro de tantos cambios. Antes los cambios tenían que surgir del gobierno para después pasar a la sociedad; hoy pueden generarse desde la sociedad hacia los gobiernos. Uber, por ejemplo, encontró zonas grises en la legislación, y gracias a eso se han modificado muchas reglas en muchos países. Lo mismo es lo que pasó en Egipto, en donde a través de redes sociales el pueblo pudo derrocar a un dictador. Es el momento de los ciudadanos”.