En Latinoamérica el principal desafío sigue siendo el alto costo que representa atender segmentos de bajos ingresos.

La inclusión financiera se ha definido como el acceso a servicios financieros (crédito, ahorro, seguros y servicios de pago y transferencias) formales y de calidad, y su uso por parte de hogares y empresas, bajo un marco de estabilidad financiera para el sistema y los usuarios. Los objetivos que se le han encomendado apoyan el desarrollo económico.

El desafío principal sigue siendo el alto costo que representa atender segmentos de bajos ingresos o en lugares remotos —particularmente mediante tecnologías y modelos de negocio tradicionales— frente a los bajos márgenes esperados. Para los intermediarios bancarios de la región, la falta de economías de escala sigue incidiendo para que los servicios financieros no se ofrezcan a la población de bajos ingresos o que se ofrezcan pero con un alto costo para el usuario, lo que a su vez reduce la demanda potencial.

Las instituciones microfinancieras o las sociedades cooperativas que tienen vínculos establecidos con segmentos poblacionales o regiones subatendidas, generalmente carecen de la escala y cobertura geográfica para impactar en el mercado, y con frecuencia su oferta de servicios es muy limitada.

Por lo tanto, la motivación actual detrás de los esfuerzos por lograr la inclusión financiera reside en la promesa de nuevos modelos de negocio que utilicen infraestructuras y tecnologías disponibles, tanto de hardware como de software, a fin de reducir costos y obtener la escala necesaria para su sostenibilidad. En particular, se ha buscado crear acceso a través de medios digitales como teléfonos móviles y puntos de venta que, junto con las redes de agentes, permiten ofrecer servicios básicos de bajo valor de manera eficiente y a escala, iniciando con los servicios de pagos y transferencias.

En volumen, Latinoamérica es la tercera economía más grande en el segmento de telefonía móvil en el mundo, después de Asia y África. El mercado lo dominan dos grandes jugadores: América Móvil y Telefónica que tienen conjuntamente más de 60% del total de suscriptores móviles en la región. América Móvil, que comercializa sus servicios en México bajo la marca Telcel y Claro en los otros 16 países donde opera en la región, superó los 233 millones de suscriptores móviles en 2016, lo que representa 33.4% del total de usuarios móviles latinoamericanos.

Poco más de la mitad de la población latinoamericana está ahora suscrita a un servicio móvil, y se espera que esa cifra llegue al 60% para el año 2020, en línea con el promedio mundial. La tasa general de penetración de conexiones en toda la región era del 112% en septiembre de 2014, muy por encima de la media mundial del 96%; y la de suscriptores en los mercados más grandes van desde el 37% en México hasta 77% en Costa Rica, según The Mobile Economy 2015.

La telefonía móvil aporta un insumo valioso, pues se trata de un canal de uso amplio cuya infraestructura ya está instalada. Una vez establecida la plataforma barata y los canales, se podrán ir eliminando las restricciones al uso de los servicios. Pero el desarrollo de plataformas digitales a escala (y sostenible) ha sido débil, ya sea por la falta de alianzas o por la escasez de proveedores de servicios.

Conforme evolucione el mercado, un factor clave para lograr una mayor escala será la interoperabilidad entre los medios de pago, que se refiere tanto a la interconexión entre plataformas que permite la transferencia de recursos de una cuenta digital de un proveedor a la de otro, como a la conectividad de las plataformas digitales con las plataformas bancarias tradicionales para efectuar pagos. La forma en que se logra la interconexión de plataformas impactará en la eficiencia del sistema de pago, su precio y el valor final para los clientes.

El documento Telefonía móvil y desarrollo financiero en América Latina, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), 2009 establece que un incremento de 10% en el crédito privado reduce la pobreza en tres puntos porcentuales, mientras que un aumento de 1% en los servicios de telecomunicaciones genera un crecimiento cercano a 3% en la economía, sobre todo en países emergentes.

“El aprovechamiento de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) para potenciar las iniciativas de inclusión financiera tiene un efecto sobre el crecimiento económico en los países en vías de desarrollo, estableciéndose un círculo virtuoso entre las TIC, sistema financiero y bienestar socioeconómico”, concluye el documento.

 

52% de mujeres, sin cuenta bancaria

La disminución de la brecha de género fue la mayor de todas las regiones, lo que refleja un logro importante si se considera que la brecha global prácticamente no mejoró, y que en otras regiones incluso aumentó.

A pesar de estos avances, persiste el reto de incluir a las mujeres ya que todavía más de la mitad (52%) no tiene una cuenta bancaria. Esta cifra sigue siendo mayor que la del promedio de mujeres excluidas a nivel mundial (43%), en los países de ingreso medio (47%) y, particularmente, en los países miembros de la OCDE (6%), según revela el estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Inclusión financiera en América Latina y el Caribe. Coyuntura actual y desafíos para los próximos años realizado por Fernando de Olloqui, Gabriela Andrade y Diego Herrera en junio de 2015.