Unos 140 millones de latinos tienen empleos informales, lo que limita la productividad y desarrollo económico de la región.

La informalidad en Latinoamérica es un problema que va en aumento.

Alrededor de 140 millones de personas de esta región, es decir, el 55% de la población activa, trabajan en la llamada economía informal, según el Foro Económico Mundial.

En tanto, el número de latinos que no tienen acceso a protección social asciende a 241 millones.

La principal causa del empleo informal, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es el incumplimiento de la legislación laboral por parte de las compañías, debido principalmente a la falta de familiaridad con la ley o a la incapacidad para cubrir el costo de la formalidad.

La composición de las empresas informales es variada y en la práctica corresponde principalmente a pequeñas empresas, trabajadores independientes y microempresas informales no registradas cuyo principal problema es que no pueden alcanzar la productividad suficiente para cubrir los costos de la formalización.

Si en América Latina se busca acabar con la desigualdad y la exclusión social, entonces reducir la economía informal es un componente clave para lograr esto.

En los mercados emergentes, como los latinoamericanos, la economía informal es muy difícil de erradicar y no puede ser medida, por lo que su magnitud debe ser estimada.

Economistas dedujeron el tamaño de la economía informal en Latinoamérica basándose en los indicadores más visible como altos impuestos, alto desempleo y bajo cumplimiento de la ley.

Entre las consecuencias de la economía informal se encuentran tener menores niveles de ingreso y mayor vulnerabilidad, así como la falta de acceso a servecios financieron formales y una mayor demanda de moneda, ya que las empresas informales operan principalemte en efectivo.

La formalización de la economía en América Latina sigue siendo un desafío importante, por lo que el crecimiento económico por sí sólo no es suficiente para lograrlo.