Los errores y los aciertos son decisivos tras cargas policiales registradas en Cataluña durante el Referéndum.

Por Iván Valero*

¡A por ellos!, ¡A por ellos! Gritaban grupos de personas con banderas españolas hace unos días mientras despedían a grupos de policías y guardias civiles (cuerpo militar) que viajaban desde diferentes localidades de España hacia Cataluña para formar el operativo policial más importante de la historia de la hoy muy tocada democracia española.

Ningún líder político del Estado salió a condenar esas imágenes, bien porque fingían no interpretar el mensaje que encerraban o debido a que les parecía correcto que unos ciudadanos animaran a los cuerpos policiales a ir a por otros ciudadanos.

Llegó el 1-O y fueron A por ellos y vimos imágenes que nadie creía posibles en la Europa del 2017 y los líderes políticos, a excepción de Pablo Iglesias. Volvieron a mirar para otro lado o a justificar lo injustificable, al fin y al cabo, ellos no son nosotros. A por ellos.

El Gobierno catalán, siguiendo el mandato de la mayoría del parlamento, inició un proceso en el que se tensionaron los límites legales y de la Constitución para atender la exigencia mayoritaria de la sociedad catalana (entorno al 80%) de decidir su futuro político votando. Ignoró la suspensión de la Ley del Referéndum y asumieron las consecuencias legales de lo que eso podría implicar.

El Gobierno español, sin una mayoría en el Congreso que respaldara sus acciones (tampoco una oposición, ya que ni si quiera se llevó a debatir), inició otro proceso paralelo en el que también se tensionaron los límites legales y de la Constitución y terminó por traspasar los derechos humanos y la legalidad europea con el objetivo contrario, evitar que sus ciudadanos votaran. Y no lo lograron.

El uso de la fuerza es el último recurso y en este caso así fue, la violencia vergonzante contra ciudadanos desarmados y pacíficos que todo el mundo vio el domingo en Cataluña no fue una consecuencia de hacer cumplir la ley, fue una venganza, un acto de rabia consecuencia del fracaso de todos los intentos de detener el referéndum.

Bloquearon la web del Referéndum y en minutos fue replicada por todo Internet, rompieron el secreto postal bloqueando revistas y publicidad favorable a la votación que acabó teniendo más difusión de la que nunca podrían haber imaginado, se retiraron carteles de la vía pública que animaban a votar y los mensajes arrancados llegaron a cada rincón, requisaron las papeletas y decenas de impresores se unieron para volver a imprimirlas, detuvieron sin orden judicial a altos cargos del gobiernos en sus casas o en sus coches delante de sus hijos como si fueran criminales y entraron a registrar los edificios gubernamentales y la gente salió a la calle a defender las instituciones y a sus representantes hasta que los liberaron, suspendieron la autonomía financiera de la Generalitat y se pagaron las nóminas de funcionarios incluso antes de tiempo, suprimieron las aplicaciones informáticas y aparecieron sistemas paralelos. Anunciaron, hasta en cuatro ocasiones, que el Referéndum había sido desarticulado y todo seguía en marcha minutos después de cada “victoria” que anunciaba el gobierno de Rajoy.

Donde no llegaba el plan B o el plan C del gobierno catalán, llegaba la sociedad civil, dispuesta a ignorar las amenazas del reprobado Fiscal General y defender con todo lo que tenían su derecho a votar libremente.

Por eso, la violencia fue el último recurso. Cuando ni los 10.000 policías movilizados ni todos los servicios de inteligencia pudieron encontrar las urnas y éstas aparecieron en cada colegio electoral el domingo, a la hora prevista, entre los aplausos de los centenares de personas que habían pernoctado en los colegios electorales para protegerlos, se dieron cuenta de que habían fracasado. El relato de que no habría Referéndum se desmoronaba, ya solo les quedaba el miedo para tratar de detenerlo y tampoco les funcionó, se encontraron a gente de todas las edades que cuanta más violencia les lanzaban, con más fuerza resistían. La tensión y la violencia que hace meses se anunciaba para Cataluña tuvo que llegar de fuera.

Dos semanas atrás, Pablo Casado, encargado de la comunicación del Partido Popular, con su característico tono prepotente y despectivo, dijo que le hacía reír la idea de comparar a “un transatlántico como la nación española con una zodiac pinchada” refiriéndose al gobierno catalán y que, claramente, en un enfrentamiento “no ganarán porque ganará España”.

Unos meses antes, en una línea de pensamiento similar, la vicepresidenta del Gobierno Saenz de Santamaría aseguró que el gobierno ganaría por 10-0 el conflicto que concluiría el 1 de octubre. Ambas comparaciones explicitan la idea del Gobierno estatal español de superioridad frente al gobierno autonómico catalán, y esa confianza en su fortaleza es la que les ha impedido plantearse negociar una salida pactada como la de Escocia.

Llegó el domingo y el gobierno catalán no perdía por goleada, todo lo contrario, había conseguido llevar el partido a la prórroga. Ante esa situación, con improvisación y nerviosismo, cometieron el error histórico de atacar a su propia gente, la gente que dicen defender y confiar en que eso los disuadiría de seguir votando, pero una vez más, leyeron mal lo que estaba pasando en Cataluña y la gente siguió votando incluso con más ganas, llegando a una participación del 42% sin contar los votos que fueron requisados de algunos de los colegios.

Efectivamente, el transatlántico de España es mucho más potente que la zodiac catalana y eso impide ser equidistantes, no se puede comparar permitir votar, aun ignorando una suspensión cautelar con negar el derecho a voto con una violencia descontrolada. Las agresiones con balas de goma (ilegales en Cataluña) que pueden haberle costado a uno de los 893 heridos, los golpes de porra indiscriminados en zonas vitales ante resistencia pacífica de padres, hijos y abuelos, las agresiones a los bomberos que, ellos sí, recordaban que su razón de ser es proteger a las personas y se colocaban delante de la gente para recibir ellos los golpes, la acusación de traición a los Mossos d’escuadra, la policía autonómica catalana por negarse a sumarse a la orgía de golpes contra sus vecinos no se pueden comparar con poner urnas por todo el territorio con la ayuda de voluntarios. La fuerza del Estado requería más responsabilidad y han logrado ser más irresponsables de lo que nadie imaginó.

Después de lo que pasó el domingo, el Gobierno de España y toda su capacidad transatlántica demostraron no tener capacidad para manejar la situación y haber perdido el control. Mientras la extrema derecha que cada vez tiene más peso en el Partido Popular y Ciudadanos, su socio parlamentario, le aplauden de forma vergonzosa la actuación contra la población indefensa, Europa no le va a tolerar unas imágenes parecidas y definitivamente ha incluido la cuestión catalana en el debate de la Eurocámara.

Los próximos días pueden ser históricos, Puigdemont y Junqueras darán validez al resultado del Referéndum y declararán el inicio del proceso de transición hacia la independencia. Si renuncian a ese camino, todo acabaría con la inhabilitación de la mayoría de líderes políticos y la supresión prácticamente definitiva de la autonomía catalana. No tienen grandes alternativas, llegados a este punto es o todo o nada.

Rajoy, gobernando en minoría, ya ha gastado la bala de la represión con dudoso éxito y difícilmente podrá volver a lanzar a la policía contra una gente que ahora esperará con más decisión si cabe, pero tampoco le permitirán resignarse y negociar los términos de la separación. Por último, Europa se enfrentará a una situación no prevista y hasta hace poco ni siquiera contemplada en el momento más débil de la Unión con una Gran Bretaña en proceso de salida y los partidos euroescépticos creciendo por todo el continente.

El partido que se debía ganar por 10-0 ha llegado a la tanda de penaltis y ahora los errores y los aciertos son decisivos. La diferencia de potencial se ha esfumado. Puigdemont lanzará el primero en los próximos días con la declaración de inicio de la transición jurídica hacia la independencia, veremos qué ocurre después, quizá se mantiene el empate y se acaba decidiendo repetir el partido.

* Iván Valero dirige Bandada! Studio, despacho de arquitectura y urbanismo con presencia en España y México

** Imagen tomada de El Nacional