Cinco actitudes son las que debe desarrollar quien esté al mando de otras personas, pues los líderes deben inspirar.

Por Javier Fernández Aguado*

Todos los tiempos han sido complejos. En el momento presente estamos más conscientes de la fragilidad. En mi labor de formación y asesoramiento de altos directivos de muchos países –conferencias, seminarios, procesos de coaching, participación en consejos de administración– descubro profesionales que anulan del radar la inestabilidad.

Nos desenvolvemos en una civilización del ruido. Solo así se entiende el éxito de formulaciones que ayunan de contenido y arrastran con despropósitos a masas de incautos. Es triste contemplar cómo el vocerío de algunos aturde a individuos que ignoran que son manipulados por aviesos flautistas de Hamelín hacia despeñaderos de los que luego –como enseña la historia desde octubre de 1917 y he puesto de manifiesto en el libro ¡Camaradas! De Lenin a hoy (Editorial Lid)– resulta arduo ascender.

He aquí cinco actitudes que ha de desarrollar cualquiera con responsabilidades de gobierno.

 

SENTIDO COMÚN

No se trata de saber mucho o de destacar en tal o cual disciplina, sino de gestionarnos de forma adecuada. Algunos personajes profesional, científica o políticamente destacados disponen de todas las cualidades, salvo la de manejarlas.

 

HUMILDAD

Esta actitud se encuentra –parafraseo a Cervantes– como base y fundamento de una existencia cumplida.

La jactancia es peor que una imperfección, es un yerro. Quien cae en manos de la protervia enturbia cualquier relación. Contemplar a personas con preparación exigua que se proclaman mesías generaría hilaridad si no fuese por el daño que provocan.

Calígula, Nerón, Stalin, Lenin, Mao, Pol Pot, Idi Amín, Fidel Castro o Hitler como conspicuos representantes de lo peor de la raza humana tenían una característica en común: su carencia de buen humor.

Para reírse de uno mismo es preciso relativizar la propia relevancia, cosa que ninguno de esos atroces ejemplos supo experimentar.

 

HUMANISMO

Lo que hace años fue calificado como ética empresarial, hoy es mencionado por algunos como humanismo. Las empresas no son organigramas, han de tener como centro a las personas.

 

APRENDIZAJE OPTIMISTA

Gente con muchas décadas acumuladas sigue mostrando una apertura envidiable, mientras que individuos de parco recorrido se presentan como viejos prematuros. Hay personas para quienes la salud vendría a ser un estado sospechoso entre dos enfermedades.

 

VISIÓN ESTRATÉGICA GLOBAL

Como perpetúa la letra de “El Rey”, de José Alfredo Jiménez, “no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar”. Para crear futuro en medio de la incertidumbre hemos de introducir romanticismo en nuestro quehacer. El mar no es agua con cloruro de sodio; el corazón no es un músculo contráctil. El mar es trascendencia; el corazón, una ventana a los intangibles más valiosos.

 

Un directivo que aspire a ser líder, más que mero controlador de resultados ha de ser sembrdor de sueños desafiantes, motivadores y posibles.

 

* El autor es director de la Cátedra de Management Fundación Bancaria la Caixa