A los millennials les preocupa más su tranquilidad emocional que contar con un empleo fijo y un salario competitivo.

 Por Santiago Fuenteoscura

¿Será cierto? Al menos los números son fríos e implacables como los millennials.

Según el estudio “Búsqueda de Empleo por Internet en México 2017”, los jóvenes de esta generación del país no se preocupan tanto por su salario, sino por mantener condiciones laborales que les permitan crecer profesionalmente y desarrollarse en lo individual.

Unas muy, pero muy lejanas pretensiones de las que caracterizaron a los, hoy pasados de moda baby boomers, como quien esto escribe, que fijaban sus metas en la competitividad del salario y la seguridad de un futuro provechoso, con prestaciones decorosas y sueños de retiro en la playa.

La investigación, que contó con poco más de 3,763 encuestados, de los cuales la mitad fue millennial, reportó que 49% de estos jóvenes está desempleado, a pesar de contar con estudios profesionales.

¿Por qué? Pues sencillamente porque su prioridad es realizarse como personas y no “vegetar” (como ellos piensan) en un empleo de larga duración y con aburridas sesiones frente a un escritorio.

Otra de las verdades que lanza el documento es que los salarios en México son tan mediocres que a los miembros de esta generación lo que menos les importa es durar más que un mediano plazo en cualquier organización. Son profesionales acostumbrados a viajar por el mundo, dominar varias lenguas, cargar con posgrados, y a trabajar en lugares relacionados a la tecnología donde el home office o el trabajo freelance son opciones mucho más apetitosas y que les generan una suficiente estabilidad emocional.

Se interesan sólo por trabajos en empresas que les garantice desarrollarse personalmente a través de cursos, diplomados, licenciaturas o posgrados.

De acuerdo con el informe, el sueldo representa una importancia especial para 81% de los encuestados, en tanto que las prestaciones llegaron al 74%.

Esta tendencia, sin duda, apunta a que el salario monetario cada vez pierde más la partida frente a la estabilidad emocional de una hiperactiva generación que lo que menos quiere es vivir con condiciones que signifiquen grilletes para su hiperactiva forma de vida.