La industria energética y los combustibles sufren. Se allegaron tecnología, pero ésta también los sobrepasó.

Elon Musk, quien trata de redefinir la industria del transporte en la Tierra y en el espacio, sostiene que no se puede construir una sociedad sostenible sobre la base de energía no sostenible.

¿Suena muy loco? Lo mismo se decía a fines de la década de 1990 con las cámaras fotográficas que usaban rollos que debían ser revelados. En siete años, una empresa como Kodak, que llegó a valer US$30,000 millones, se fue a la bancarrota. “Y hablamos de un gigante que nadie imaginaba que caería”, sostiene Seth Miller, científico, emprendedor e inventor. En otros sectores de la economía, la “lluvia de meteoritos” recién empieza.

Suena como una espectacular hazaña de ingeniería. Los empleados de Royal Dutch Shell, ubicada en Calgary, Canadá, perforaron recientemente un pozo a 10,000 km de distancia en Vaca Muerta, Argentina.

Los ingenieros de la petrolera anglo-holandesa usaban computadoras para realizar lo que ellos llaman “perforación virtual”, basado en su conocimiento de Fox Creek, una cama de pizarra en Alberta, que tiene características geológicas similares al depósito de pizarra más grande de Argentina. Utilizaron datos en tiempo real enviados desde una plataforma en  Vaca Muerta para diseñar el pozo y controlar la velocidad y la presión de la perforación. En su segundo intento, completaron el pozo por US$5.4 millones, por debajo de los US$15 millones de hace unos años. “Es el pozo más barato que hemos perforado en Argentina”, dijo Ben van Beurden, director ejecutivo de Shell.

Shell no está sola en desplegar asistentes de computadoras junto a geólogos, en un intento por reducir los costos en una era de precios moderados del petróleo. La industria en su conjunto está despertando al hecho de que la digitalización y la automatización han transformado otras industrias, como el comercio y la fabricación, y que han quedado atrás.

 

EL ABRAZO TECNOLÓGICO

Empresas de tecnología y consultorías golpean en sus puertas vendiendo conceptos atractivos como la “plataforma de petróleo digital” y el “campo petrolífero del futuro”. Algunos sostienen que el abrazo de las tecnologías digitales podría ser el próximo gran evento después de la revolución de lutita que comenzó a transformar la producción de petróleo y gas en América hace una década. Pero esta es una industria que abarca las nuevas tecnologías solo en los ajustes y apenas comienza, aunque su futuro es incierto.

En pleno terraplén, la industria petrolera realiza esfuerzos para reducir la cantidad de personas y mejorar la seguridad en una industria peligrosa. James Aday, un veterano de perforación de petróleo ahora en Wood Mackenzie (una consultora), dice que en la plataforma de perforación en sí, la automatización no es nueva.

Otros dicen que cada vez más las plataformas son semi-controladas remotamente; en el golfo de México, los ingenieros en Houston usan datos en tiempo real de plataformas petrolíferas para tomar decisiones y reducir el costo de trasladarlos en helicóptero a las plataformas.

“El objetivo es traer los datos al experto, no el experto a los datos”, dice Peter Zornio de Emerson, una compañía de automatización. “Hay un gran incentivo para no subir a la gente a los helicópteros y a la plataforma.”

Un mayor uso de datos, sensores y automatización generará nuevos retos para la industria. Tendrá que aprender acerca de la ciberseguridad en las plataformas petroleras –que son infraestructuras críticas– e invertir en maneras de prevenir el robo de datos. Pero la digitalización también puede atraer a millones de personas para reemplazar a una fuerza de trabajo envejecida, donde la jubilación en masa es una amenaza que se avecina.

En cuanto a si la fuerza de trabajo podría reducirse a través de la industria en la era digital, en última instancia, los geólogos e ingenieros creen que la tecnología no los pondrá fuera del trabajo, porque la producción de petróleo es un arte que requiere ciencia.

Tampoco es probable que las empresas emprendedoras superen las barreras de entrada –como los altos requerimientos de capital– que protegen a los operadores tradicionales. La innovación hará que el petróleo y el gas sean más accesibles y que los días en que el petróleo era considerado un recurso escaso desaparezcan.

Pero estas no son las mayores amenazas a la industria petrolera. Un fantasma solar y energético se cierne sobre la rama que refina petróleo para producir combustible.

 

LOS RIESGOS MAYORES

La industria del petróleo no solo está bajo ataque por su poca sostenibilidad y por lo que contamina, sino por una simple ecuación económica: las alternativas se vuelven más baratas a un ritmo más acelerado del previsto.

Las consecuencias de este fenómeno pueden ser enormes: varias provincias, empresas petroleras paraestatales y privadas dependen del dinamismo del sector de combustibles tradicionales.

En el activo argentino, por ejemplo, se anotan las gigantescas reservas de litio del norte, que, según publicó The Economist hace unos días, con un gobierno amigable con los mercados pueden ser un boom económico. Hasta Elon Musk, dueño de la empresa de autos eléctricos Tesla, mandó emisarios a Argentina para explorar alianzas y proveerse del material esencial para fabricar baterías.

“Cada vez el camino [de la decadencia del petróleo como fuente principal de energía] va a ser más evidente y nos iremos acostumbrando a recibir noticias vinculadas a este cambio de fondo como si nada –dice Alexis Caporale, emprendedor, experto en fuentes alternativas y autor del libro El futuro de la energía–, como cuando se funda alguna big oil, cuando una automotriz saque un auto eléctrico autónomo o cuando Israel desalinice agua con energía solar, por ejemplo.”

Como sucede con muchos vectores de la agenda de la disrupción, la novedad de 2017 es que la discusión sobre el declive del petróleo ya no está en los márgenes de círculos de tecnólogos, sino que se volvió mainstream, y todas las semanas hay noticias sobre un nuevo material o un diseño que abarata y hace más eficiente la provisión de energía solar, eólica, eléctrica, etcétera. “Lo único que podría alterar este camino es una disrupción muy fuerte con la fusión nuclear, pero ahí creo que nadie está preparado para lo que esto significaría”, completa Caporale.

 

LOS GRANDES PLANES

A fines de mayo, Seth Miller publicó en Medium un largo ensayo titulado Así es como las grandes petroleras van a morir (This is how big oil will die).

“La del petróleo es quizá la más temida y respetada industria del planeta. Es responsable de la emisión de 15% de los gases contaminantes y alimenta la volatilidad de la región más inestable del mundo (Medio Oriente)”, dice Miller quien hace un análisis pormenorizado de costos y concluye que, en poco tiempo, poseer un auto eléctrico costará entre un cuarto y un tercio menos que tener uno a gasolina (porque caerán en picada los gastos de taller y de reemplazo de autopartes, y porque las baterías actuales ya alcanzan una duración por encima de los 800,000 kilómetros).

Esta reducción de costos se combinará con la no necesidad de un chofer en los vehículos autónomos: ahora mismo, taxis sin conductor son probados en Pittsburgh, Phoenix, Boston, Singapur, Dubái y Wushen, en China. Hace poco tiempo Tim Cook, CEO de Apple, confirm que su compañía tiene “grandes planes” para entrar en este mercado.

Los titulares, cada vez más habituales, de que alguno de los gigantes de la tecnología (Apple, Google, Amazon, Microsoft, Facebook, entre otros) “finalmente se pusieron serios” con algún mercado en particular hacen temblar a los actores respectivos (bancos, automotrices). Porque se agranda la distancia de las FAMGA (así se conoce a este club, por las iniciales de sus principales actores) con respecto del resto de la economía, en términos de efectivo disponible, valor de mercado y de conocimiento en tecnologías exponenciales. La consultora RethinkX, que dirige el profesor de Stanford Tony Seba, publicó un reporte donde anticipa un cronograma posible para la decadencia del petróleo: el mercado de vehículos autónomos se masificará en 2021; en 2022 el consumo de petróleo tocará su máximo histórico; en 2023 los precios de vehículos a gasolina se desplomarán, y para 2030 el consumo del combustible proveniente del petróleo para vehículos habrá caído a cero.

Para el emprendedor y filántropo Daniel Nofal –quien junto con Geraldine Gueron fundaron Wikilife en 2010 para explorar la relación entre genética, estilo de vida y salud– la conjunción de una veloz baja de precios de los paneles solares con el avance de la tecnología de almacenamiento de energía transformará el petróleo en un combustible de nicho. “Hemos soportado 200 años la tecnología del motor a combustión que es sucia y ruidosa, pero Tesla demostró que un auto eléctrico es mejor en todo”, argumenta.

“Las ciudades del futuro serán limpias y silenciosas –dice Nofal–. Caminar al lado de una gran avenida será una experiencia distinta. Los países están avanzando en esa dirección. Aunque el cambio climático es el factor que disparó la investigación y desarrollo de estas tecnologías, las energías renovables y la electrificación de los transportes triunfarán por ser mejores en todo.”

La industria petrolera sufrirá como Kodak el embate de las nuevas tecnologías. No será igual pero la colisión será equivalente al choque de dos vehículos pesados.