Como adentrarse a otra época

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Como adentrarse a otra época

En el Hotel Kimberly de Nueva York uno realiza un viaje a la nostalgia del art decó a través de su elegante decoración.

Texto y fotos: José Manuel Valiñas

Al internarse en el Hotel Kimberly de Nueva York, lo que uno puede esperar se resume en dos palabras: paisaje urbano. También lujo, por supuesto. Y buen gusto, clase y categoría. Sí, todo eso. Y una gran ubicación. Pero la vista que se puede alcanzar en algunas de sus suites y, sobre todo, en su excepcional terraza, es realmente fuera de serie.

En principio, lo que hay que admirar es el estilo art decó que caracteriza tanto al hotel como a los restaurantes Bistango y Empire Steake House, y sus muchos elementos decorativos. Desde que se desliza por su puerta giratoria empieza uno a absorber la esencia del Nueva York de los años 30 y 40: el imponente reloj de piso del vestíbulo, los cuadros alusivos a esas décadas de entre guerras, y la elegancia en cada uno de los detalles. La decoración completa nos transportan a otra época.

La ubicación es inmejorable, en Midtown Manhattan, con acceso inmediato al Rockefeller Center, a unas cuadras de Central Park, del Radio City Music Hall y de la estación Grand Central. También, caminando apenas unos minutos se llega al centro de Broadway, la zona que cada vez parece llenarse más de bullicio y color, con nuevas opciones para los amantes del teatro (recomendamos, por cierto, el musical Beautiful, un sentido homenaje a Carole King, la cantante blanca que interpretaba el ragtime con tanto sentimiento, que incluso parecía negra).

Las habitaciones son espaciosas y llenas también de detalles, desde los elegantes sillones con volutas hasta los imponentes espejos con marcos de madera tallada. Todas las camas tienen sábanas Fretté, y las almohadas y edredones de plumas garantizan un sueño realmente reparador.

Pero lo que más impresiona es la terraza, con su bar que cuenta con techo y paredes retráctiles de cristal y pisos con calefacción, de modo que se puede disfrutar en cada época del año.

En este ático-lounge se puede ver el edificio Chrysler en todo su esplendor mientras uno degusta los platillos del chef Humberto Corona, servidos en pequeñas porciones, de modo que se puedan probar varios. Así, la tártara de atún, las paletas de cordero con ratatouille o las láminas de kobe se pueden acompañar de un coctel preparado por Alex Ott, un maestro de la mezcla de bebidas que trabaja con más de 65 marcas de licores y organiza seminarios de combinación de bebidas y maridaje con alimentos en todo el mundo.

El diseño es del arquitecto Frank Denner, quien creó un verdadero oasis sobre la urbe de hierro, y que puso la vista panorámica como su objetivo primordial. La barra de bronce está cortada a mano y rematada con granito negro. Las paredes de hiedra en cascada tienen detalles pintados a mano por Anthony Chase, a la usanza veneciana.

En cuanto a los muebles, se apartan deliberadamente del típico (y aburrido) mobiliario de las terrazas de restaurantes. Fueron cuidadosamente seleccionados por Pentasia Designs de casas de renombre como B & B Italia, Moooi y Piet Boon. ¿Y la iluminación? También es de autor: Brian Orter se propuso recrear una nueva versión del antiguo glamour hollywoodense, con luces teatrales vintage y cuerdas de bombillas incandescentes flotantes.

Muy cierto que en esta imponente terraza, tanto como en el resto del Hotel Kimberly, cohabitan la grandeza y la intimidad.

2018-12-06T10:05:41+00:00

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