Una de las obras de arte más antiguas del mundo, que data de hace 44,000 años, fue descubierta dentro de una mina en Indonesia.

Por Luis Islas

La pintura representa una cacería. Pero los cazadores no son personas como nosotros, a pesar de que los artistas eran compañeros del Homo sapiens. Los personajes son pequeños híbridos animal-humanos, algunos con colas y picos, otros con lanzas y cuerdas. Estas figuras se conocen como therianthropes (del griego theríon, que significa animal salvaje o bestia, y anthrōpos que significa ser humano), y se encuentran en muchas culturas antiguas, desde centauros griegos hasta Anubis, el dios egipcio de la muerte con cabeza de perro.

En la pintura, seis de ellos atacan a los cerdos y un anoa, un búfalo enano endémico de Célebes (Sulawesi, en indonesio), una isla con forma de estrella de mar al este de Indonesia. El artista o artistas tomaron decisiones estilísticas al representar sus temas: el cuerpo del anoa es más grande, sus pezuñas son más elegantes que los animales. El búfalo se eleva sobre los humanoides. En conjunto, evocan una época en que el planeta pertenecía a los animales y estos no nos pertenecían.

Las personas que pintaron esto comenzaron a dejar testimonios casi tan pronto como llegaron a ese archipiélago desde Asia continental, después de la última glaciación, hace unos 45,000 años. Habitaron un mundo implacable, esquivando intensas lluvias, cazando, recolectando y pescando con gran riesgo personal, viviendo en cuevas estrechas o bajo las estrellas, a merced de los elementos.

Esta pintura fue descubierta en la cueva Bulu Sipong en Célebes en 2016 y un análisis reciente ha demostrado que es el “registro pictórico más antiguo de narración de cuentos” y la “obra de arte figurativa más antigua del mundo”, y tiene al menos 43,900 años. (El dibujo más antiguo conocido en el mundo, un garabato abstracto de 73,000 años, se encontró en Sudáfrica en 2018).

Budianto “Budi” Hakim, un arqueólogo, explicó cómo se obsesionó con la historia de Célebes, la gran isla al este de Bali donde nació. Al crecer como hijo de maestros de escuela, leía con voracidad. Las pinturas descubiertas en Célebes, incluida la representación de cazadores de cerdos, han reescrito la historia del arte. Ya no se cree que la pintura figurativa comenzó en Europa, donde el arte rupestre de El Castillo en España y la Cueva Chauvet en Francia datan de hace unos 40,000 años.

La pintura de Célebes se encuentra en un terreno propiedad de la empresa cementera Tonasa, dentro de una gran concesión minera que Tonasa compró al gobierno indonesio en 1984, décadas antes de que se descubrieran las pinturas rupestres. Solo unas pocas docenas de personas han visto la pintura desde diciembre, cuando el descubrimiento se anunció públicamente. Para llegar hay que subir una escalera de bambú, directamente a la entrada de la cueva donde yace la cámara de pintura, que está a unos 100 metros del suelo.

La pared que los artistas prehistóricos eligieron para la pintura es un lienzo perfecto, con una ventana natural para la luz solar. Todavía palpita con la vida. Las paredes de piedra caliza porosas están atadas con gruesas arterias marrones de ramitas y enredaderas; debajo, el suelo está lleno de hormigas grandes y cienpiés azul oscuro que deambulan por la tierra. “Eran valientes”, dijo Budi a la reportera del Washington Post sobre los antiguos pintores de Célebes.

Cazar anoas y cerdos salvajes habría sido peligroso, dijo, especialmente con herramientas primitivas. El entusiasta arqueólogo habló con orgullo y familiaridad, como si fueran sus abuelos, y con frecuencia interrumpía sus bruscas oraciones para decir que hablaba como anak bangsa, un “niño de esta nación”. Budi creía que estos pintores antiguos vivían en las mismas tierras bajas donde su propio grupo étnico, los Bugis, construyen sus casas sobre pilotes hoy.

La humanidad siempre ha buscado refugio en cuevas. Yoguis hindúes, videntes celtas, sufíes senegaleses, los primeros budistas y los antiguos griegos se retiraron a ellas para la iluminación espiritual. Algunos estudiosos creen que el pensamiento religioso surgió del acto creativo de imaginar personas o criaturas en su ausencia. Desde esta perspectiva, las figuras aquí no son simplemente arte, sino una huella digital de la fe misma. Según relata la reportera, la superficie de la pintura se estaba despegando por todas partes. Está desapareciendo a una velocidad de hasta 3cm por año, según el centro de conservación.

La fábrica de Tonasa se encuentra a solo cuatro kilómetros de distancia, y humea todo el tiempo. También desde esa cueva se ven camiones de suministros que van y vienen por el camino de tierra cada pocos minutos, cargados de piedra caliza en bruto. Y durante nuestra visita, tuvimos que detenernos periódicamente cada vez que una explosión reverberaba a través de la cueva, como un trueno.

El polvo del tráfico y la minería es el mayor peligro para el arte prehistórico aquí, según Maxime Aubert, un arqueólogo australiano que dirigió el equipo de investigación que fechaba esta pintura. La perforación también afecta el delicado sistema hidrológico del karst, las formaciones de piedra caliza donde generalmente se encuentran pinturas prehistóricas.

La tala de árboles para despejar el terreno para la minería también cambia la temperatura y la humedad de las cuevas y aumenta el dióxido de carbono en el aire, lo que acelera la disolución de la piedra caliza. Tonasa firmó un contrato con el centro de preservación en 2017 para proteger la cueva Bulu Sipong y reportar nuevos hallazgos arqueológicos del sitio.

“Nuestro trabajo allí está hecho. Está fuera de nuestras manos ahora. Lo documentamos lo mejor que pudimos. Hay muchas más pinturas aquí, y tenemos que encontrarlas también. Es lo menos que podemos hacer por nuestros antepasados”, remata Budi.