Pablo Escobar montó un zoológico en su hacienda; 26 años después, los hipopótamos destruyen el hábitat con su alta capacidad para competir por alimento.

Por Luis Barrios

 

Entre las pocas cualidades entrañables de Pablo Escobar estaba su amor por los animales. En la década de los años 80, el narcotraficante llevó a su Hacienda Nápoles quizás media docena de hipopótamos para completar su zoológico particular y sumarlo a los rinocerontes, jirafas, cebras y camellos.

Después de que lo mataron, en 1993, los agentes antinarcóticos trasladaron los camellos y las cebras a otros recintos (las jirafas fallecieron). Las autoridades no se hicieron cargo de los grandes y agresivos rinocerontes e hipopótamos, que quedaron libres. Los primeros, menos resistentes, se extinguieron rápidamente.

Sin embargo, los hipopótamos prosperan, en parte porque los grandes felinos y las hienas, sus depredadores naturales, están ausentes en Colombia. Al menos 50 hipopótamos adultos se revuelcan felices en el río Magdalena, a 18 km de la Hacienda Nápoles.

“Podríamos lidiar con 200 hipopótamos en 20 años”, dice David Echeverri, biólogo de la Corporación Regional para los ríos Negro y Nare (Cornare).

 

PROHIBIDO CAZAR

A otras especies no les va tan bien. Los hipopótamos compiten por comida y destruyen hábitats. Esa es una amenaza para los manatíes locales, especie en peligro de extinción en Colombia. El estiércol de hipopótamo roba oxígeno de las marismas de la ribera y condena a algunos peces.

La respuesta más fácil sería lidiar con los hipopótamos de la misma manera que Escobar lo hizo con las personas que se interpusieron en su camino: eliminándolos. Pero después de que los cazadores, actuando por orden del gobierno en 2009, dispararon contra Pepe, uno de los hipopótamos originales de Escobar, porque pisaba unos cultivos.

Los activistas de los derechos de los animales demandaron al gobierno; ahora un fallo de la corte prohíbe cazarlos.

 

ANTICONCEPTIVOS PARA MASTODONTES

Además, los zoológicos no los quieren. Las autoridades locales no tienen dinero para esterilizarlos.

“Para cuando se castra uno, nacen cuatro o cinco más”, dice Echeverri.

Enviarlos de regreso a África no es una opción. La población colombiana es endogámica, así que nadie sabe cómo afectarían sus genes a la manada africana. Bien podrían transmitir enfermedades letales para la fauna de ese continente.

La última esperanza es el control de la natalidad. Los científicos trabajan en ello y dicen que, si no hay un anticonceptivo específico para hipopótamos listo para fin de año, probarán uno que funcione en cerdos.