La ciencia responde que tal vez en una llanura de sal y soleada en Botswana.

Texto por Luis Barrios e ilustración por Gustavo García

 

Eva mitocondrial, ancestro de todos los vivos, habitaba un lago desaparecido de Botswana que hoy es tierra de extraños contrastes.

Al conducir por el oeste desde Francistown, la segunda ciudad del país, se bordea Makgadikgadi, una llanura blanca con sal que está completamente seca durante la mayor parte del año, pero que florece de una vida repentina y abundante durante la estación húmeda. Si se sigue por dicho camino, se llega a Maun, al borde del delta interior del río Okavango, el cuarto más largo de África del sur.

Hace 200,000 años, Makgadikgadi era exuberante. Tanto ahí como el delta formaban parte de un lago, entonces el más grande del Continente africano, rodeado de humedales.

Para la vida silvestre, el resultado fue un verdadero paraíso y también para las personas, ya que, si la última investigación es correcta, ahí se jugó un episodio intrigante en los orígenes de la humanidad.

Que el Homo sapiens comenzó como una especie africana ya fue demostrado en la década de 1980 por Allan Wilson de la Universidad de California, Berkeley. Desarrolló lo que se conoce como la hipótesis de la Eva mitocondrial al observar un tipo especial de ADN que se transmite, sin mezclar por reproducción sexual, de una madre a sus hijos.

Este llamado mitogenoma es independiente del núcleo de una célula, donde se encuentran el resto de los genes. Reside en estructuras llamadas mitocondrias, que son descendientes de bacterias que una vez fueron libres y que ahora actúan simbióticamente como paquetes de energía de una célula.

 

TODOS VENIMOS DE EVA

La investigación de Wilson mostró que los árboles genealógicos de los mitogenomas humanos actuales y sus ramas causadas por mutaciones a lo largo de milenios convergen de una manera que deja en claro que su antepasado común vivía en África.

De ahí el sobrenombre de Eva mitocondrial. Esta mujer no fue, de ninguna manera, el primer ser humano. Pero todos los que ahora están vivos pueden reclamar descendencia de ella.

Lo que es verdad para Eva también lo es para Adán. Parte del ADN en el cromosoma “Y”, que se transmite sin mezclar de padre a hijo, se puede utilizar para dibujar un árbol similar que también está enraizado en África. Donde, exactamente, Adán cromosómico residía y aún no se establecía.

Y como describen en la revista Nature, un grupo de investigadores liderados por Vanessa Hayes -del Instituto Garvan en Sydney, Australia-, creen haber descubierto que la Eva mitocondrial, o al menos personas estrechamente relacionadas con ella, vivieron durante decenas de miles de años en espléndido aislamiento al norte de Botswana.

Se sabe, desde hace años, que el norte de Botswana era hábitat de los primeros humanos. Makgadikgadi está lleno de herramientas de piedra arrojadas allí hace eones (un eón equivale a 1,000 millones de años) por homínidos paleolíticos.

Sin embargo, qué homínidos en particular no está claro. A diferencia de los artefactos posteriores, las herramientas paleolíticas no son propias de la especie. Aunque fueron inventados hace aproximadamente 1.8 millones de años por el Homo erectus, un ser humano primitivo que se extendió por África y Asia, también fueron utilizados por las numerosas especies hijas del erectus; línea que conduce al Homo sapiens.

 

GENTE DEL LAGO

La historia que la Dra. Hayes y sus colegas proponen es que, hace 200,000 años la tierra alrededor del lago Makgadikgadi, estaba ocupada por el Homo sapiens. Durante los siguientes 70,000 años estas personas evolucionaron de manera aislada, atrapadas en su tierra natal por un entorno desértico. Luego, en dos explosiones -una hace 130,000 años y la otra hace 110,000-, estas personas se desperdigaron por todo el mundo.

Vale aclarar que los árboles ancestrales mitogenómicos se hacen buscando errores tipográficos en las secuencias de “letras” genéticas en los mitogenomas, lugares en el ADN donde una única base química difiere de un individuo a otro.

Debido a que los mitogenomas no se recombinan durante el sexo, todos estos cambios son el resultado de mutaciones aleatorias.

Al comparar los mitogenomas, es posible determinar en qué orden ocurrieron las mutaciones. Y debido a que incluso los procesos aleatorios tienen promedios medibles, también es posible estimar cuándo surgió una mutación particular.

Al seguir las ramas del árbol mitogenómico humano a través del tiempo, estas convergen en un grupo de mitogenomas conocidos como l0. Este grupo se limita principalmente al sur de África. Es el mitogenoma característico del pueblo khoesano, que es anterior a la llegada a la zona tanto de los bantúes del norte de África como de los europeos del extranjero.

La Dra. Hayes y sus colegas reunieron todas las versiones existentes de l0 que pudieron encontrar, y también recopilaron 198 nuevas, para sumar 1,217 variantes con las cuales trataron de refinar el árbol ancestral.

Con esa información, y datos sobre dónde se recolectaron las muestras, se pueden construir mapas de cómo las personas l0 se dispersaban. Y eso es lo que hicieron la Dra. Hayes y sus colegas. Las ramas de su nuevo árbol convergen en el tiempo hace unos 200,000 años. Y todos los caminos llevaron al norte de Botswana.

El árbol también sugiere que la población l0 vivió en dos lugares durante unos 70,000 años. Primero al norte de África por aproximadamente 20,000 años, antes de que otra parte se trasladara hacia el noreste.

Esta sugerencia de que una población aislada se sometió a dos migraciones externas es respaldada por el trabajo del colaborador del Dr. Hayes, Axel Timmermann, del Instituto de Ciencias Básicas en Busan, Corea del Sur. Él es climatólogo y ha reconstruido, a partir de evidencia paleogeográfica y astronómica, la historia de Makgadikgadi y sus alrededores. En particular, Timmermann ha analizado los efectos del clima en los cambios a la órbita de la Tierra y el giro axial que causaron las edades de hielo.

 

ADN CRUZADO

La conclusión de Timmermann es que, durante la mayor parte de este tiempo, el lago Makgadikgadi estuvo rodeado de desierto, pero que esta pared circundante fue penetrada dos veces por corredores verdes a lo largo de los cuales los animales, incluidas las personas, habrían podido emigrar. El primer corredor se abrió hace 130,000 años al suroeste. El segundo, hace 110,000 años al noreste.

Los datos mitogenómicos y climáticos parecen coincidir. La dispersión al suroeste habría llevado a los descendientes actuales de los individuos l0 a otras partes del sur de África.

Sin embargo, fue la dispersión del noreste la que desató a los niños de Makgadikgadi por todo el mundo. Sus descendientes se propagaron a través de lo que ahora es Zambia y el resto de África, y conocieron a personas que ya vivían allí, incluidos los descendientes del Adán cromosómico y, de a poco, se fusionaron en el acervo genético más amplio de la humanidad.

De hecho, la historia de los genes humanos se parece más a una red que a un árbol, razón por la cual Wilson buscó la claridad del mitogenoma en primer lugar.

Finalmente, unos 50 milenios después de estos eventos, algunos intrépidos aventureros cruzaron a Asia, se establecieron allí y se extendieron a Australia, Europa y América. El ADN de estos viajeros se modificó aún más al cruzarse con, al menos, otras dos especies de humanos: los Neandertales en Europa y los Denisovanos en Asia.

No todos creen la versión de la historia del Dr. Hayes. Mientras más atrás se rastrea el árbol mitogenómico humano, señalan, más incertidumbre arroja, por lo que sería deseable una mayor investigación. Pero la combinación de evidencia genética y climática, que ella y sus colegas presentan pinta una imagen bastante plausible de las experiencias de una rama particular de los ancestros antiguos de la gente moderna.