La economía se contraerá un 5.3%, generando casi 30 millones más de pobres.

 

Previo a la pandemia del coronavirus, Latinoamérica mostraba un bajo crecimiento económico, espacio limitado de política fiscal y conflictos sociales crecientes.

A medida de que la pandemia se ha propagado en la región, lo que empezó como una crisis sanitaria luce más evidente como una económica y social.

Aunque es difícil cuantificar la dimensión y duración de los efectos por el coronavirus, la Comisión Económica para América Latinal y el Caribe (CEPAL), en el estudio “América Latina y el Caribe: Dimensionar los efectos del COVID-19 para pensar en la reactivación”, asegura que será la causa de la mayor crisis económica y social de la región en décadas.

La acumulación de déficits fiscales en América Latina (2.7% en promedio en la última década) aumentó la deuda pública bruta de los gobiernos centrales, que en 2019 promedió un 44.8% del PIB.

Lo anterior representa un incremento del 15% respecto a su mínimo, del 29.8% del PIB en 2011.

El aumento de la deuda en América Latina no solo afecta al gobierno central, sino también a las empresas del sector público no financiero, lo que aumenta la presión sobre el espacio de política fiscal.

Resulta que estas empresas tienen una importancia estratégica por su tamaño, contribución a la recaudación fiscal y participación en la producción y exportaciones.

Así que el aumento del endeudamiento afecta, particularmente, a las empresas en los sectores de recursos naturales golpeadas por la disminución de los precios de las materias primas y las reducciones de ingresos y rentabilidad.

Otro espacio a tomar en cuenta es que el espacio fiscal en la región se ve reducido por los limitados ingresos públicos.

Durante la última década, los ingresos públicos totales de los gobiernos centrales de América Latina promediaron el 18.2% del PIB.

Dicho estancamiento se debió a la ralentización de la actividad económica, la evasión fiscal, la caída de los precios internacionales de las materias primas, que afecta especialmente a América del Sur y a México, la reducción de aranceles por la apertura comercial y la creciente renuncia fiscal por concesiones a las zonas francas y la maquila.

En la coyuntura actual, los ingresos públicos se verán aún más afectados por la fuerte contracción de la actividad económica y los deprimidos precios de las materias primas.

 

HISTÓRICA CONTRACCIÓN DE LA ACTIVIDAD ECONÓMICA

La pandemia impacta a las economías de América Latina y el Caribe a través de factores externos e internos cuyo efecto conjunto conducirá a la peor contracción de la actividad económica que la región haya sufrido desde que se iniciaron los registros, en 1900.

A nivel mundial, la economía presentará una caída del producto bruto mayor a la observada en varias décadas.

Se prevé una contracción del PIB mundial en torno al 2%, con una mayor contracción en las economías desarrolladas que en las emergentes.

Otro factor a contemplar es que el volumen de comercio mundial ha colapsado: la Organización Mundial del Comercio (OMC) estima que caerá entre un 13% y un 32% este año.

Por lo tanto, la caída de la actividad económica mundial, en particular de Estados Unidos, China y Europa, tendrá un impacto negativo en la región  en términos de volumen y precio, en especial de las materias primas.

Además, México y Centroamérica están expuestos a la contracción de la economía de los Estados Unidos a través la reducción de las remesas de los migrantes. En el caso de México se agrega la caída del precio del petróleo.

Los flujos de remesas hacia Latam se podrían contraer entre un 10% y un 15% en 2020 y podrían pasar entre 4 y 8 años para que retomen el monto alcanzado en 2019.

Aquí es importante subrayar que entre un 80% y un 90% de las remesas se usan para cubrir necesidades básicas de los hogares receptores (alimentación, salud y vivienda), por lo que su contracción tendrá fuertes efectos en el consumo y la incidencia de la pobreza.

Otro de los sectores más afectados será el turismo, pues su recuperación dependerá de la apertura de las fronteras a nivel mundial.

En 2020 se registraría una reducción de entre un 20% y un 30% en el número de llegadas de turistas en el mundo, una caída mucho mayor que la observada en 2009, que fue del 4%.

En un escenario en el que los ingresos por turismo disminuyeran un 30% en 2020, el PIB se reduciría 2.5, 0.8 y 0,3 puntos porcentuales en el Caribe, México y Centroamérica, y América del Sur, respectivamente.

Los efectos de la retracción del turismo se sentirán en particular a las micro y pequeñas empresas, cuyo peso en el sector de hoteles y restaurantes es enorme: el 99% de las empresas y el 77% del empleo.

Por lo tanto para América del Sur se prevé una caída del 5.2%.

Algunos países de esta subregión son muy afectados por la caída de la actividad en China, que es un importante mercado para sus exportaciones de bienes. Tal es el caso de Chile, el Brasil, el Perú y el Uruguay que destinan a China más del 20% de sus exportaciones (más del 30% en el caso de Chile).

La interrupción de las cadenas de valor impactará con mayor intensidad en las economías brasileña y mexicana, cuyos sectores manufactureros son los mayores de la región. Para el Brasil, se prevé una caída del 5.2% y para México una del 6.5%

Lo anterior se verá reflejado en la tasa de desempleo, que se ubicaría en torno al 11.5%, un aumento del 3.4% respecto al nivel de 2019 (8.1%).

Así, el número de desempleados de la región llegaría a 37.7 millones, lo que implicaría un aumento cercano a 11.6 millones con respecto al nivel de 2019, que fue de 26.1 millones de desempleados.