Para muchas personas no existe mejor incentivo para ir a trabajar que la familia.

Hay quienes van a trabajar porque les place, los hace felices, hacen lo que quieren y hasta les pagan por hacer algo que bien podrían hacer gratis. Hay muchas motivaciones para acudir al trabajo, pero una relativamente nueva es la “motivación familiar”.

Un estudio realizado por la Academia de Administración y publicado en 2016 muestra cómo este “nuevo” factor es suficiente para acudir a la oficina, a la fábrica, etc.

La investigación ocurrió en una maquiladora en la frontera entre México y Estados Unidos con más de 150 individuos entrevistados, quienes realizan una labor mecánica y rutinaria durante ocho horas.

Todos los días cada empleado tiene que procesar una tarea exactamente de la misma manera que el día anterior, por lo tanto no hay oportunidad de desarrollar nuevas habilidades o expresar creatividad.

Estos trabajadores ganan lo mismo y tienen beneficios equivalentes que el supervisor, que está sentado junto a ellos y que solo mira, con la escasa o nula oportunidad de un ascenso. Es decir, la motivación en este caso está prácticamente cancelada.

Sin embargo, durante las entrevistas, varios trabajadores hablaron de la motivación familiar.

“Me importa apoyar a mi familia”, “es importante para mí hacer un bien a mi familia” dijeron, y expresaron sentirse motivados y entusiastas sobre acudir diariamente al trabajo, aunque no existan incentivos monetarios y no hallen la labor interesante o disfrutable. Y no solo los padres de familia expresaron esta motivación, también los solteros y sin hijos refirieron esa motivación familiar hacia sus hermanos, hermanas, parientes y otros familiares.

Esto es lo que hace que la motivación de la familia sea tan especial: no depende de los detalles de su trabajo, su jefe o su empresa.